miércoles, 14 de enero de 2015

La manipulación y derrota del enemigo

(1938.2) 179:2.3 Jesús así comenzó a hablar a sus apóstoles porque sabía que su hora había llegado. Comprendía que había llegado el momento en que tenía que retornar al Padre, y que su obra en la tierra estaba casi terminada. El Maestro sabía que había revelado el amor del Padre sobre la tierra y había mostrado su misericordia a la humanidad, y que había completado aquello para lo cual había venido al mundo, aun hasta recibir todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra. Del mismo modo sabía que Judas Iscariote ya había resuelto entregarlo esta noche a las manos de sus enemigos. Se daba cuenta plenamente de que esta pérfida traición era trabajo de Judas, y que también le había dado placer a Lucifer, Satanás y Caligastia, el príncipe de las tinieblas. Pero no temía a ninguno de los que buscaban su caída espiritual, así como tampoco temía a los que buscaban su muerte física. El Maestro tenía una sola ansiedad, y ésa era por la seguridad y salvación de sus seguidores elegidos. Así pues, con el conocimiento pleno de que el Padre había puesto todas las cosas bajo su autoridad, el Maestro se preparaba ahora para promulgar la parábola del amor fraterno.

Aunque la traición material nació en el corazón de Judas Iscariote, las criaturas espirituales rebeldes sintieron placer al ver como los asuntos llevaron a la destrucción material del Hijo del Hombre. Para ellos significaba silenciar al mensajero con un mensaje de tal calibre que derrotaría las ideas de Lucifer.

(1971.4) 183:0.4 Aunque Jesús sabía que el proyecto de matarlo se había originado en los concilios de los líderes de los judíos, también se daba cuenta de que estos esquemas nefastos tenían la plena aprobación de Lucifer, Satanás y Caligastia. Bien sabía él que estos rebeldes de los reinos tendrían sumo agrado en ver a todos los apóstoles destruidos con él.

En efecto, no solo deseaban la destrucción de Jesús, sino la de sus apóstoles, lo cual hubiese detenido la propagación de las buenas nuevas en la Tierra, un mensaje que acortaría la existencia de los rebeldes. Por tal motivo, entendemos las persecuciones a los cristianos y la posterior perversión del mensaje de Jesús.  Recordemos que los últimos rebeldes sobreviven aún en la Tierra mientras existan simpatizantes humanos de su causa.

(1972.1) 183:1.2  Cada átomo de esta asombrosa manifestación de odio y de esta demostración de crueldad sin precedentes fue obra de hombres malvados y mortales malignos. No fue voluntad de Dios en el cielo, tampoco fue dictada por los archienemigos de Jesús, aunque mucho hicieron ellos para asegurarse de que los mortales malvados y despreocupados rechazaran así al Hijo autootorgador.

Notamos que de alguna forma (tal como analizamos en la entrada anterior sobre la llamada "caída" de Adán y Eva) los rebeldes "hicieron mucho" con sus intrigas y enseñanzas sembradas en algunos dirigentes humanos, para que los judíos rechazaran a Jesús. Incluso antes de la llegada de Jesús se preparaba el escenario para esta "guerra":

(610.3) 53:8.7 Antes del autootorgamiento de Micael estos gobernantes de la oscuridad trataron de mantener su autoridad en Urantia, y persistentemente se resistieron a las personalidades menores y subordinadas.

(1316.7) 119:7.4 Entonces nos dimos cuenta no sólo de que nuestro Creador y amigo estaba dando el más precario paso de toda su carrera, aparentemente arriesgando su posición y autoridad en este autootorgamiento como bebé desamparado, sino que también com prendimos que su experiencia en este autootorgamiento final y mortal lo colocaría eternamente en el trono como soberano indisputado y supremo del universo de Nebadon. Durante un tercio de siglo de tiempo terrestre todos los ojos de todas las partes de este universo local estuvieron dirigidos a Urantia. Todas las inteligencias se dieron cuenta de que estaba en progreso el último autootorgameinto, y como por mucho tiempo habíamos sabido de la rebelión de Lucifer en Satania y de la deslealtad de Caligastia en Urantia, bien comprendimos la intensidad de la lucha que se produciría cuando nuestro gobernante condescendiera a encarnarse a Urantia en la humilde forma y semejanza de la carne mortal.

Posteriormente, Jesús al ser tentado en el Monte Hermón logró que miles de seres espirituales sintieran repulsión por los rebeldes. Y cuando la manipulación del enemigo y las intrigas humanas se confabularon para matar tan cruelmente al Hijo Creador de este universo, toda compasión por las ideas de Lucifer desaparecieron de los mundos moronciales y superiores.

(2008.2) 187:3.1 Alrededor de las nueve y media por la mañana de este viernes, Jesús fue colgado de la cruz. Antes de las once, más de mil personas se habían reunido para presenciar este espectáculo de la crucifixión del Hijo del Hombre. A lo largo de estas horas espantosas las huestes invisibles de un universo estuvieron mirando, mudas, este fenómeno extraordinario del Creador que estaba padeciendo la muerte de la criatura, aun la más innoble muerte de un criminal condenado.

Hasta Lucifer que se complacía en la derrota humana de Jesús y su muerte, sintió repulsión en la forma de la ejecución de Cristo, cuando la barbarie humana llegó a su paroxismo al realizar una crucifixión tan brutal y  primitiva hacia el soberano de un universo:

(1972.1) 183:1.2  Hasta el padre del pecado volvió la cara lejos del dolorosísimo horror del espectáculo de la crucifixión.

Sin embargo, el hecho de que los rebeldes solo pensaran que sacar a Jesús y su movimiento de la esfera terrestre les beneficiaba en su causa, y trabajaran circunstancialmente para cerrar el corazón de los hombres, provocó que toda compasión por Lucifer desapareciera de los cielos.

Lucifer bien podía sentir repulsión hacia el primitivismo del método humano de matar al Maestro, pero tuvo mucho agrado que los asuntos llegaran a ese punto ventajoso para la causa rebelde. Esto provocó repudio universal.
(1984.5) 184:4.4 El corazón humano no puede de manera alguna concebir el escalofrío de indignación que barrió un vasto universo, mientras las inteligencias celestiales presenciaban este espectáculo de su amado Soberano sometiéndose a la voluntad de estas criaturas ignorantes y desviadas, en la esfera de la infortunada Urantia, envuelta en las tinieblas del pecado.
(1984.6) 184:4.5 ¿Qué es esta tendencia animal en el hombre, que lo conduce a insultar y asaltar físicamente a lo que no puede ganar espiritualmente ni alcanzar intelectualmente? En el hombre civilizado a medias, aún se agazapa una malvada brutalidad que se abalanza contra los que son superiores en sabiduría y alcance espiritual. Así lo prueban la malvada brutalidad y la brutal ferocidad de estos hombres supuestamente civilizados, que derivaban cierta forma de placer animal de su ataque físico contra el Hijo del Hombre, quien no ofrecía resistencia alguna. Mientras caían sobre Jesús los insultos, golpes y bofetadas, él no se defendía, pero no estaba indefenso. Jesús no estaba derrotado, sino que no luchaba en el sentido material.
(2011.7) 187:6.3 Así terminó un día de tragedia y congoja para un vasto universo, cuyas miríadas de inteligencias presenciaron el espectáculo sobrecogedor de la crucifixión de la donación humana de su amado Soberano. Estaban anonadados por esta exhibición de maldad mortal y perversidad humana.

Es triste decirlo, pero nuestro planeta quedó marcado en el universo, como aquel mundo en donde las criaturas mataron a su propio creador, al Hacedor de todo un universo. Por la eternidad la Tierra ha quedado con esa marca. 

Pero esto realmente fue una victoria. 

Ya que causó el rechazo celestial total y universal a la causa de Lucifer, y provocó la admiración sublime hacia el amado y valiente Micael de Nebadon.

Esto logró terminar la rebelión en los cielos del universo, y la aparente derrota de Jesús significó su victoria más grande para un inmenso universo.

(1985.1) 184:4.6 Éstos son los momentos de las mayores victorias del Maestro en su larga y pletórica carrera como hacedor, sostenedor y salvador de un vasto y extenso universo. Habiendo vivido hasta su plenitud una vida de revelación de Dios al hombre, Jesús está, en este momento, haciendo una revelación nueva y sin precedentes del hombre a Dios.