jueves, 25 de septiembre de 2014

Capítulo 2: Procedimientos en el cristianismo: El ministerio de la Mujer

Está claro que Jesús de Nazaret vino a vindicar y colocar en su debido lugar a la Mujer dentro del arreglo de Dios. Jesús elevó a la Mujer dándole grandes privilegios: Ser su Madre, ser las primeras en saber de su carácter mesiánico, y ser las primeras en conocer su Resurrección. Y sin duda, otros muchos papeles trascendentales en medio de una sociedad judía machista.

Pero esto no es exclusivo del Nuevo Testamento. Ya en las Escrituras Hebreas la Mujer es el co-ayudante y complemento del Hombre. En la creación a los dos (Adán y Eva)  se les asigna la tarea de señorear la tierra. Es por eso que el verbo en hebreo está en plural: "tengan potestad". La mujer no formaba parte de la creación sobre la cual el hombre iba a tener dominio. Ambos son igualmente autorizados por Dios para actuar como sus vice-regentes en la tarea de señorear o sojuzgar la Tierra (Gén. 1:27,28)

Cuando leemos las Escrituras Hebreas observamos que hubo mujeres que asumieron posiciones de liderazgo, tanto en la vida religiosa, como en la civil, como en la familiar. Esto de por sí es notable, puesto que a veces se cree de forma apresurada que el Antiguo Testameno reserva ciertos papeles solo para el varón.

El ministerio profético era la más alta función religiosa en el Antiguo Pacto. El pueblo hablaba a Dios a través del sacerdote, pero Dios hablaba al pueblo a través del profeta. Entre estos profetas se cita a Míriam, que había sido nombrada por Dios como líder sobre Israel, junto con Moisés y Aarón, según leemos en Miqueas 6:4:

"Porque te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de esclavos te redimí; y procedí a enviar delante de ti a Moisés, Aarón y Míriam".
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Cómo notamos, ella aparece dentro del liderato espiritual en Israel. También aparecen decretos que protegían a la mujer en cuestiones de herencia:


“Las hijas de Zelofehad están hablando rectamente. Sin falta debes darles la posesión de una herencia en medio de los hermanos de su padre, y tienes que hacer que la herencia de su padre pase a ellas”. De hecho, Dios fue aún más lejos y  le ordenó a Moisés: “En caso de que algún hombre muera sin tener hijo, ustedes entonces tienen que hacer que su herencia pase a su hija” (Núm. 27:6-8; Jos. 17:1-6). De ahí en adelante, ese decreto divino ampararía a todas las israelitas que estuvieran en la misma situación.

En el período de los jueces, Débora sirvió de fuente de información procedente de Jehová, dando a conocer sus juicios sobre ciertos asuntos y transmitiendo su instrucción, como en el caso de sus mandatos a Barac. (Jue 4:4-7, 14-16.) Es notable como ella era la portadora de los dichos de Dios a éste varón. Además, era Débora la Jueza durante ese periodo de Israel, y no Barac, tal como algunos grupos tienden a argumentar. Más bien, Barac era su Comandante, sujeto a la autoridad de Débora:

"Ahora bien, Débora, profetisa, esposa de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo en particular. Y moraba bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella para juicioY ella procedió a enviar a llamar a Barac hijo de Abinoam desde Quedes-neftalí y a decirle: “¿No ha dado la orden Jehová el Dios de Israel? ‘Ve, y tienes que desplegarte sobre el monte Tabor, y tienes que llevar contigo diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. Y ciertamente atraeré hacia ti, al valle torrencial de Cisón, a Sísara el jefe del ejército de Jabín, y sus carros de guerra y su muchedumbre, y verdaderamente lo daré en tu mano’”. - Jueces 4:4-7

. El relato es extremadamente claro al decir que Débora era la juez de Israel en ese tiempo. Y los hijos de Israel acudían a ella. Y fué ella la que procedió a llamar  Barac.

Es más, Barac no se atrevía ir a la batalla sin la líder de Israel:

Ante esto, Barac le dijo: “Si tú vas conmigo, entonces ciertamente iré; pero si tú no vas conmigo, no iré”. - Jueces 4:8

Sobre Débora ella misma nos cuenta:

Los moradores de la campiña abierta cesaron, en Israel cesaron,
hasta que yo, Débora, me levanté,
hasta que me levanté como madre en Israel.


Mi corazón está por los comandantes de Israel,
que fueron voluntarios entre el pueblo.
Bendigan a Jehová. -Jueces 5:7,9

Ni siquiera su esposo asumió esa responsabilidad.

No se puede minimizar el papel trascendental que tenía esta mujer sobre el pueblo de Israel.

También se menciona a Hulda, profetisa que ejerció su ministerio durante el reinado de Josías (2 Crónicas 34). Esta mujer fue usada por Dios para enseñar su voluntad a un rey, a un Sumo Sacerdote y a todo un pueblo, promoviendo una reforma religiosa de gran alcance.
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Isaías llama a su esposa “la profetisa”. (Isa 8:3.) Posteriormente en el siglo I E.C., cuando los judíos todavía eran el pueblo que estaba en relación de pacto con Jehová, la anciana Ana sirvió de profetisa. Ella “nunca faltaba del templo, rindiendo servicio sagrado noche y día con ayunos y ruegos”. Al “hablar acerca del niño [Jesús] a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”, profetizó en el sentido básico de ‘anunciar’ una revelación del propósito de Dios. (Lu 2:36-38.)
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Estos ejemplos arrojan serias dudas sobre la teoría de que la mujer no puede asumir el liderazgo, por imperativo divino. En las Escrituras no encontramos la desaprobación de Dios, ni su condena, a la actuación de mujeres que ejercieron posiciones de liderazgo, ya fuera en la familia, en la vida civil o en la esfera religiosa. 

Sin embargo, los guías religiosos de los siglos posteriores tergiversaron brutalmente estos relatos y oscurecieron el papel de la mujer hasta el punto de degradarla, argumentando que era mejor que la Torah ardiera en fuego, en vez de ser leída por labios de una mujer. Así, en tiempos de Jesús algunas Sinagogas empezaron a separar a las mujeres de los hombres en distintas salas.  Y Jesús de Nazaret precisamente vino a restaurar la condición correcta de la Mujer en su papel en la adoración y proclamación del Evangelio.

En la Era Cristiana
En la época de Jesús el machismo hebreo de alguna forma alcanzó gran extensión. Pero Jesús de Nazaret con valor consagró a la Mujer como una Ministro. Esto fué una vindicación del papel de la Mujer en el propósito de Dios. Pero, ¿revelan las cartas apostólicas que la Mujer no puede tener privilegios ni enseñar en la congregación? ¿Pablo realmente negó a la Mujer como Ministro?

Uno de los ejemplos más llamativos quizá sea el de Junia, a quien Pablo menciona en Romanos 16:7, donde la saluda junto a Andrónico, diciendo que "son muy estimados entre los apóstoles". A lo largo de los siglos se ha pretendido convertir a Junia en varón, por considerar que una persona que hubiera ejercido tal autoridad en la iglesia primitiva no podía ser mujer. Sin embargo, tanto Orígenes, que vivió al final del siglo II, como Jerónimo y Juan Crisóstomo, que vivieron en el siglo IV, en sus comentarios la consideran como una mujer. El primer comentarista que la consideró como hombre fue Aegidus de Roma, hacia finales del siglo XIII.
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Por otra parte, Junia es un nombre latino de mujer, por lo que aquellos que la convirtieron en hombre le añadieron una "s" al final y concluyeron que era un diminutivo de Junianus. El único problema es que en latín los diminutivos se hacen alargando el nombre y no reduciéndolo. Además, si tal fuera el caso, se encontrarían en fuentes extrabíblicas varones con este nombre, cosa que no ocurre. Lo que sí se encuentran son casos de mujeres que llevaban el nombre de Junia.
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Afortunadamente, en la actualidad son pocos los exégetas que siguen manteniendo que Junia fuera un hombre, aunque la mayoría de ellos no llegan a asumir las implicaciones practicas que tal afirmación tiene, por ejemplo, en el tema del liderazgo de la mujer en la iglesia, convirtiendo tal descubrimiento en un puro ejercicio de erudición bíblica, en vez de aceptar esa realidad pasada como cuestionadora de la realidad presente.

Sin embargo, éstos traductores e interprétes deben preguntarse: Si Jehová le dió a la Mujer en el pasado el papel de Profeta, ¿por qué no podría darle un privilegio equivalente en la Congregación Cristiana? ¿Acaso Jesús de Nazaret y el cristianismo no vino a iluminar y perfeccionar los aspectos de las Escrituras Hebreas?

Otro ejemplo de cómo se ha querido ensombrecer el papel que las mujeres tuvieron en la iglesia primitiva, en este caso negando la importancia de su liderazgo, es el de Febe, la portadora de la carta de Pablo a la iglesia de Roma. Pablo usa dos palabras para describirla: "diakonos" y "prostátis".

Muchas veces se ha alegado que Pablo era anti-mujer (misógino). Sin embargo, parece ser que sus palabras han sido mal entendidas, porque notemos lo que dice cuando habla de Febe. Notemos su admiración:

"Les recomiendo a Febe nuestra hermana, que es ministra de la congregación que está en Cencreas,  para que la reciban con gusto en [el] Señor, de una manera digna de los santos, y para que le presten ayuda en cualquier asunto en que los necesite,porque ella misma también demostró ser defensora de muchos, sí, de mí mismo" - Romanos 16:1,2.

La Traducción del Nuevo Mundo de la Watchtower reconoce en su nota que "ministra" es "Sierva" o "di·á·ko·non". Este solo hecho debería motivar al Cuerpo Gobernante a emprender un estudio de este asunto y a no dejarse guiar por los intérpretes y exégetas. La declaración bíblica es la que nos debe guiar en éstos asuntos y no una tradición occidental de superioridad varonil. De otra forma, seríamos esclavos de las tradiciones más que dejarnos gobernar por la propia Palabra de Dios.

Pablo habla de Febe como "diakonos", que aparece en masculino, cuando Pablo la usa para referirse a sí mismo o a otros como Timoteo, Epafras o Apolos, la mayoría de los intérpretes traducen la palabra como "ministros" dedicados a la obra de predicación y enseñanza de la Palabra. Sin embargo, para algunos, simplemente porque Febe es una mujer, no puede ser llamada "ministro", aunque no hay ningún argumento lingüístico para hacer distinciones entre ella y otros ministros varones.

Por eso algunos traductores creen que el término tiene un sentido oficial, y por consiguiente lo vierten “diaconisa” (NC, BJ). Febe sería la prueba de que en la Congregación Cristiana habían "Siervas Ministeriales".

No debería existir ningún problema para que la Mujeres piadosas y con cualidades espirituales adecuadas pudiesen desempeñar el mismo papel de los Siervos Ministeriales Varones. De hecho, en algunos hogares Betel de los Testigos de Jehová y grupos de construcción hay Mujeres que desempeñan labores administrativas como las cuentas, territorios, etc. Por lo tanto, es absurdo dejar fuera en las congregaciones a Mujeres con cualidades y mejores capacidades que algunos varones. Las Mujeres pueden ser más responsables y fieles en muchas tareas que los varones descuidan. Así también si una Mujer es excelente lectora, no debería suprimirse su capacidad de leer en las reuniones. Hace poco algunos artículos grabados fueron leídos por Mujeres y otras participaban en Vídeos en los cánticos para lengua de señas, pero ciertos elementos del Cuerpo Gobernante deciden retroceder y no volver a analizar con mente dispuesta las propias declaraciones de la Palabra de Dios.

Muchas veces se confunden creyendo que ésto tiene que ver con movimientos pro feministas mundanos, pero lo que debería gobernar el pensamiento de los dirigentes religiosos no es eso, sino más bien apegarse a la Palabra de Dios.

Febe fue “defensora de muchos”. El término que se traduce “defensora” (pro·stá·tis) tiene el sentido básico de “protectora” o “auxiliadora”, de manera que no solo implica simple cordialidad, sino el acudir en ayuda de otros cuando están en necesidad. Asimismo, se puede traducir “patrona”. La libertad que Febe tenía para viajar y llevar a cabo importantes servicios en la congregación puede indicar que era una Sierva Ministerial en defensa de los cristianos a quienes se acusaba falsamente o los haya refugiado o protegido en tiempo de peligro. Privlegios que actualmente solo se otorgan a algunos varones.

Febe era una diaconisa encargada de asuntos de carácter organizacional, y social, como visitar a los enfermos, o ayudar en la distribución de alimentos, de la misma forma como ciertos varones acreditados hicieron lo mismo según el libro de Hechos. Pero notemos lo que dice Pablo:

"para que la reciban con gusto en [el] Señor, de una manera digna de los santos, y para que le presten ayuda en cualquier asunto en que los necesite, porque ella misma también demostró ser defensora de muchos, sí, de mí mismo".

Ella era una especie de viajera recomendada por Pablo y que tenía que atender asuntos de organización y dirección que la congregación tenía que apoyar.
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Ahora bien, el concepto de diácono o diaconisa como persona que hace un trabajo principalmente de carácter social y administrativo, formando una orden menor dentro de la jerarquía ministerial, no existía en aquel momento. Fue a partir del siglo II, cuando aparece lo que se llama el episcopado monárquico, es decir, el gobierno de una iglesia por un solo obispo, que escogía al clero subordinado, formado por presbíteros y diáconos. Tanto Ignacio de Antioquía, a principios del siglo, como Hipólito, al final del mismo, no justificaban sus ideas por mandamientos del Señor Jesús o por autoridad bíblica, lo mismo que Jerónimo, para quien el episcopado jerárquico es el resultado de la costumbre, pero no de la revelación.

Es interesante, además, analizar otro de los términos aplicados por Pablo a Febe y que hemos tocado: "prostátis". Esta palabra significa "alguien que se pone al frente, alguien que preside". Tanto en la literatura extrabíblica como en todo el Nuevo Testamento, esta palabra se usa para hacer referencia a alguien que está ejerciendo una posición de autoridad, y no labores secundarias. Pablo usa la forma verbal de esta palabra para describir a los que dirigen y presiden la congregación (1 Tesalonicenses 5:12; Romanos 12:8; 1 Timoteo 5:17). Los Padres de la Iglesia usaban la forma masculina de "prostátis" para describir a aquellos que presidían en la comunión. Josefo la usa para referirse al líder de una nación, una tribu o una región.
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Por otra parte, cuando en 1 de Timoteo se mencionan los requisitos de los diáconos (Siervos Ministeriales), llama la atención que sean prácticamente los mismos que los de los Ancianos, por lo que se puede concluir que sus funciones estaban muy relacionadas. De estos requisitos hay dos que indican función. El primero es el don de guiar ("gobiernen bien sus hijos y sus casas"). El segundo, se descuida generalmente. Tiene que "guardar el misterio de la fe". La palabra guardar es la traducción de la palabra griega "exeinti", que se usaba para designar a una persona a quien se le encargaba algo, a quien le incumbía el llevarlo, observarlo, ejecutarlo y cumplirlo. Es decir, el diácono no sólo tenía que conocer y comprender el evangelio y el plan de salvación, sino que también tenía una parte importante en su proclamación al mundo. Esto se hace más claro en la última característica mencionada: "gran confianza en la fe". La palabra "parresía" que la Reina-Valera traduce como "confianza" significa "facilidad de palabra". También puede significar "hablar en público" (Juan 18:20), características que son más apropiadas para aquellos que se dedican al ministerio de la predicación y enseñanza, que a tareas sociales o administrativas.
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Por tanto, en la iglesia primitiva el/la "diakonos" no era una persona dedicada solamente a dichas tareas (administrativas o domésticas). La jerarquización que hoy conocemos por la que el diácono o la diaconisa en la práctica es menor, por ejemplo, que el anciano, no existe ni tiene fundamento en el Nuevo Testamento. Es interesante que Pablo usa indistintamente el término anciano y obispo. Esta última palabra significa literalmente "el que preside o supervisa" y para referirse a Febe usa la palabra "prostates", que significa "el que está al frente, preside o dirige", y "diakonos", que significa "ministro". Es evidente que todos estos términos estaban relacionados. Si el hecho de que Pablo use algunos de estos términos para referirse a una mujer choca con otros textos del mismo apóstol que parecen restringir el ministerio de la mujer en la iglesia, esto nos obliga a comprobar si la exégesis de dichos textos es correcta puesto que la Palabra no puede contradecirse.
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En realidad, no hay ningún argumento lingüístico para hacer distinciones entre Febe y otros "ministros" varones, por lo que los traductores y exégetas que le niegan tal derecho, están imponiendo una interpretación teológica al texto, que por ser más deductiva que inductiva tiene el peligro de alejarse de la verdad. Tal reflexión siempre debe hacerse con posterioridad al análisis lingüístico, al del contexto, al de los pasajes paralelos y al del fondo histórico, y no con anterioridad.

El caso de Febe, como mujer que ejercía funciones ministeriales relacionadas con la predicación de la Palabra y la enseñanza, no era una excepción. Veamos en primer lugar el caso de Priscila. Pablo usa la palabra "sunergon" para referirse a ella y a Aquila, su marido. Esta palabra, que se suele traducir como "colaborador" la usa también para referirse a Timoteo, Silas, Apolos, Tito, Epafrodito, etc. 
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La palabra "sunergon" puede significar simplemente "ayudante" si se usa en el caso dativo. Pero en el caso genitivo, que Pablo siempre usa para referirse a estas personas, significa "alguien del mismo oficio". Por tanto, para Pablo el colaborador es más que un ayudante, es alguien que él considera un colega situado en una posición de autoridad similar a la suya propia. Y Pablo llama a Priscila "sunergon", con lo cual podemos decir que la está considerando una colega, alguien en su misma posición.
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En 1 Corintios 16:16 Pablo dice algo más sobre estas personas: "Os ruego que os sujetéis a todos los que ayudan (sunergonti) y trabajan". Por tanto, Priscila, que es una "sunergon", es alguien a quien otros deben someterse. Es lo que hizo Apolos cuando Priscila lo instruyó en las cuestiones doctrinales que desconocía, a pesar de ser un varón elocuente y poderoso en las Escrituras.
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La sujeción que Pablo demanda no es la obediencia debida a un superior jerárquico, derivada de la misma naturaleza desigual de dicha relación, sino que es la aceptación voluntaria de los criterios de aquellos que "ayudan y trabajan", independientemente de sí son hombres o mujeres, porque no es la propia naturaleza del hecho, es decir, el ser líder o el ser varón, que determina el que otros se sujeten a ellos, sino el deseo voluntario de proponerse a la consideración de otra persona, puesta allí por Dios para su perfeccionamiento. Así lo entendió Apolos. Es el deseo de servir y las cualidades.

Pablo menciona también a cuatro mujeres que trabajaban en la obra del Señor: María, Trifena, Trifos y Pérsida (Romanos 16:6,12). El verbo que usa Pablo para referirse a estas mujeres es "kopiao". Pablo recomienda a los Corintios, como hemos visto anteriormente, que se sujeten a personas como ellos, es decir, a los que ayudan y trabajan (kopiounti).

En 1 Tesalonicenses 5:12 vuelve a insistir en la misma idea: "Os ruego, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan (kopiountas) entre vosotros y os presiden en el Señor y os amonestan". Es decir, los que "trabajan" son los que están dedicados al ministerio, son los que presiden y amonestan, y son personas a quienes hay que sujetarse y reconocer. Entre estas personas Pablo menciona a estas cuatro mujeres. Además, hay muchas otras mujeres señaladas en las Escrituras Griegas como valiosas Ministras.

¿Por qué hoy día no pueden ejercer posiciones de liderazgo si tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento vemos ejemplos de mujeres que fueron puestas en esa posición por Dios mismo, al concederle los dones necesarios?
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En breve analizaremos los polémicos dichos de Pablo (que han sido usados para restringir a las mujeres), pero por ahora meditemos en éstas mismas declaraciones e indicaciones del mismo apóstol Pablo que nos muestran que la Mujer debe tener privilegios de servicio como el Varón. Él elogia a las Mujeres como sus colaboradoras y por ende Pablo ha sido atacado precipitadamente sin tomar en cuenta los relatos anteriores.

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Hay base y hay fundamento para que la Mujer sea una Sierva Ministerial. Y sin embargo, en la mayor de las paradojas algunas organizaciones solo han limitado a las Mujeres a privilegios NO bíblicos inventando un término como "Precursor Auxiliar" y "Precursor Regular". Éstos términos y privilegios no son bíblicos y son usados como para mantener una tranquilidad de que a las mujeres no se les deja fuera. Pero sin embargo, ese razonamiento y deducción es innecesaria, puesto que hay prueba clara que las Mujeres también pueden tener privilegios como los varones.

Todos son una sola persona en unión con Cristo 
"No hay ni judío ni griego, no hay ni esclavo ni libre, no hay ni varón ni hembra; porque todos ustedes son una [persona] en unión con Cristo Jesús" -Gálatas 3:28.
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Ahora haremos el estudio de aquellos textos que tradicionalmente se han usado para apoyar la posición de subordinación de la mujer y, por tanto, limitar su ministerio dentro de la congregación. Muchos de estos textos están llenos de notorias dificultades exegéticas. Sin embargo, estas dificultades nunca han sido un obstáculo para que se hayan usado a modo de prisma a través del cual interpretar todos los demás, aunque de acuerdo con el principio de analogía de la fe, todo pasaje, en especial si es oscuro, ha de examinarse a la luz de los demás, presididos por los más claros y recurriendo a todos los datos que nos ofrece la Escritura. De ésta forma, evitamos la interpretación apresurada y sectaria. 
  
En primer lugar vamos a analizar la exégesis que tradicionalmente se ha hecho de 1 Corintios 11:2-16, y algunos de los problemas que plantea el interpretar este pasaje desde un punto de vista jerárquico, como si Dios estuviera estableciendo una cadena de mando. 
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"Pero quiero que sepan que la cabeza de todo varón es el Cristo; a su vez, la cabeza de la mujer es el varón; a su vez, la cabeza del Cristo es Dios" - 1 Corintios 11:3
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Un escritor inspirado como Pablo sabe exactamente cómo describir una jerarquía en una escala de importancia decreciente. Si estuviera describiendo una cadena de mando, es evidente que trastocó el orden de dicha jerarquía de poder. Empieza con Cristo-hombre, lo cual en una jerarquía de poder estaría en segundo lugar, continúa con hombre-mujer, lo cual estaría en tercer lugar, y termina con Dios-Cristo, que debería estar en primera posición. Pero, ¿establece Pablo una cadena de autoridad y jerarquía?

La palabra "kefalé" ("cabeza") era usada en el mundo secular y religioso griego con el significado de "fuente" u "origen", y no con el de "gobernante". Este hecho lo confirma la traducción al griego del texto hebreo del Antiguo Testamento (Escrituras Hebreas) conocido como la Septuaginta. La palabra hebrea para cabeza "ros", comúnmente usada para líder o gobernante, es traducida al griego por otra palabra diferente a "kefalé" más de 150 veces.
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Otra constatación de que en griego no se usaba esta palabra en el sentido de autoridad, la tenemos cuando analizamos las palabras que aparecen en las Escrituras Griegas Cristianas para referirse a personas que estaban en posiciones de autoridad.
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En general, se usa la palabra "arché" o "hegemon", y sus derivados. En ningún caso se menciona el término "kefalé".
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Para hablar del "cabeza de familia" se una la palabra "oikodespotes" (Lucas 13:25; 22:11). Es interesante notar que Pablo usa la forma verbal de esta palabra cuando recomienda a las viudas jóvenes que se casen, críen hijos y "gobiernen su casa" (1 Timoteo 5:14), con lo cual vemos que para Pablo, el "gobierno" no era algo exclusivo de los hombres. El verbo significa "ser cabeza o guía de una familia" y lo aplica tanto a hombres como a mujeres.

Por otra parte, cuando Pablo habla de los dones espirituales en 1 Corintios 12, comparándolos con las diferentes partes del cuerpo, no le da ninguna connotación especial a la cabeza, a la que cita como una parte más del mismo, comparándola con los pies. Si Pablo hubiera entendido el término cabeza como hoy lo entienden quienes hacen una interpretación jerárquica del mismo, no lo habría puesto como un ejemplo más para enseñar el concepto de diversidad dentro de la unidad. Cita, además, el ojo y la oreja como partes del cuerpo, con lo cual es evidente que para él la cabeza no era una parte diferente del cuerpo dotada de una capacidad rectora, y que cuando atribuye a Cristo el término "cabeza" no lo entendía en sentido jerárquico sino de origen. Cristo es el origen del cuerpo, que incluye la cabeza como parte del mismo, que es la iglesia. Ésto queda patente porque en el mismo contexto del capítulo 11 cuando Pablo habla de las "cabezas" dice a continuación:

"Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón;  y, más aún, el varón no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón" - 1 Corintios 11:8,9.

Como observamos, "cabeza" es el origen y no "autoridad" en un sentido humano. El cristianismo verdadero nos recuerda que todos somos una familia, miembros de una unidad sobrehumana que nos conecta como "sarmientos" a Cristo, la "Vid" verdadera, un "organismo" superior en una comunión maravillosa. Es esa relación la que nos hace verdaderamente obedientes, y no la imposición jerárquica primitiva.

Es interesante también analizar otros textos donde aparece la palabra "kefalé" para determinar su sentido. Por ejemplo, la expresión "Kefalé gonias" que se suele traducir como "piedra angular" (Mateo 21; 42; Marcos 12:10; Hechos 4:11; 1ª Pedro 2:7). Esta expresión hace referencia a la parte de los cimientos del edificio, de donde éste surge y se fundamenta. La yuxtaposición de "fundamento" y "piedra angular" en Efesios 2:20 confirma la idea de que en griego la palabra "kefalé" se usaba en el sentido de "origen" y no de "autoridad".
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En realidad, la única ocasión en que aparece la palabra "autoridad" en este pasaje es para hablar de la autoridad de la mujer (verso 10). El término usado es "exousia", que aparece 103 veces en el Nuevo Testamento, siempre en voz activa, con lo cual la expresión "tener autoridad sobre" no se refiere nunca a una autoridad externa diferente del sujeto de la oración. Su significado es claro en todos los casos (Marcos 6:7; Lucas 19:17; Apocalipsis 2:26, etc.), excepto en este texto, donde la mujer, que es el sujeto, no es la que ejerce la autoridad, sino que es objeto de dicha autoridad. La única razón para entenderlo así, no es el análisis lingüístico del término, sino el supuesto previo de que la mujer no puede ejercer ningún tipo de autoridad, ni siquiera sobre ella misma.
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En realidad, el tema en estos versos no es el diferente status de hombres y mujeres en términos de señorío y sumisión, pues tanto el hombre como la mujer se describen ejerciendo el mismo ministerio al profetizar (1 Corintios 11 versos 4 y 5). Si Pablo hubiera querido enseñar la subordinación de la mujer en virtud de la primacía del hombre en la creación, lo propio habría sido prohibir a la mujer el ejercicio del liderazgo al profetizar. El profetizar era el segundo ministerio en cuanto a autoridad, como aparece definido en las Escrituras Griegas. Era un rol difícilmente aplicable a los miembros subordinados de la congregación. El hecho de que Pablo no haga tal prohibición indica que la subordinación no es el tema de este pasaje.


El tema no son los diferentes roles de hombres y mujeres, sino el "protocolo" en la adoración. Pablo probablemente quiere combatir ciertos conceptos que estaban arraigados en la sociedad corintia, debido a la práctica existente en ciertos cultos paganos de cambio ritual de sexo, como en los cultos a Cibeles y a Dionisos. Pablo no quiere que se confunda la nueva libertad en Cristo, donde ya "no hay ni judío ni gentil, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer", con este cambio ritual de sexos practicados por los paganos.

Una lectura cuidadosa de la carta nos muestra que la influencia del paganismo y prácticas inmorales y mundanas podía influir en dichos cristianos. Es bajo éste contexto que debemos analizar la carta y sus pasajes. No podemos hacer una separación sectaria de sus frases, para interpretarlas como normas universales aplicadas al cristianismo en general.

Por otra parte, también Pablo quiere dejar claro que la mujer no es un ser inferior ni maligno, como defendían los filósofos de la época. En el contexto de una iglesia formada por personas que tenían arraigadas estas creencias, las afirmaciones de Pablo en este pasaje van encaminadas a afirmar la común humanidad de hombres y mujeres. Todos son Hijos de Dios en medio de una fraternidad proclamada por Jesús.  La mujer fue formada de la misma sustancia que el hombre y compartía las mismas cualidades, sin menoscabo de las diferencias externas que a ambos caracterizaban y cuya desaparición resultaban indecorosas.
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¡Es por esa razón que Pablo habla de que el varón es el origen (cabeza) de la Mujer! ¡Es para señalar que la mujer fue formada de la misma sustancia que el hombre y compartía las mismas cualidades, de la misma forma que el Cristo proviene del Padre y merecia dignidad y consideración! Asi Pablo combatía las ideas paganas e ideas filosóficas que cercaban a los Corintios.

CONTINUA....

lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo 1: Procedimientos en el cristianismo: Los lugares y reuniones de los primeros cristianos

  En el primer siglo predomina el concepto de  “la Iglesia en el hogar”. The Expositor’s Greek Testament afirma:
 
   "Hasta el tercer siglo no tenemos ninguna evidencia cierta de la existencia de edificios de iglesia para el propósito de la adoración; todas las referencias señalan a casas para ello".

     Robert Banks, erudito neotestamentario, hace esta observación: 
  "Sea que consideremos las reuniones menores de tan sólo algunos cristianos en una ciudad o las reuniones mayores que comprendían toda la población cristiana, era en el hogar de uno de los miembros donde se tenía la “ekklesía” -por ejemplo en el “aposento alto”. No es sino después de tres siglos que tenemos evidencia de que se construyeran edificios especiales para las reuniones cristianas" (Paul”s Idea of Community /El concepto que Pablo tenía de la comunidad/).

   Note los pasajes siguientes:

...Y (los que habían creído, partían) el pan EN LAS CASAS... (Hechos 2:46)

    Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús... Saludad también a la IGLESIA* de su CASA... (Romanos 16:3 y 5)

    * Congregación
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      Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la IGLESIA que está en su CASA, os saludan mucho en el Señor. (1 Corintios 16:19)

    Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la IGLESIA que está en su CASA. (Colosenses 4:15)

...y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la IGLESIA que está en tu CASA. (Filemón 2)

    Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en CASA, ni le digáis: ¡Bienvenido! (2 de Juan 10)
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    Estos textos bíblicos demuestran ampliamente que, por lo común, la iglesia primitiva se reunía en los hospitalarios hogares de sus miembros (véanse también Hechos 2:2; 9:11; 10:32; 12:12; 16:15, 34 y 40; 17:5; 18:7; 21:8). Por lo tanto, los creyentes del primer siglo no sabían nada respecto de lo que habría de corresponder a un edificio de “iglesia” de hoy.

    Tampoco sabían nada acerca de casas que fueran convertidas en basílicas, en las que se fijaran al suelo bancas de madera dura, y un púlpito acompañara al mobiliario de la sala. En tanto que tales rarezas existen en el siglo veinte, las mismas eran extrañas para los creyentes del primer siglo. Los cristianos primitivos simplemente se congregaban en casas habitables comunes y corrientes. Así, pues, el Nuevo Testamento o Escrituras Griegas Cristianas no conoce nada respecto de “edificios/iglesias”. Sólo conoce la “iglesia en la casa”.

    Por lo tanto, la idea de un púlpito o plataforma con un atril  y varias bancas o sillas para escuchar a los oradores es una idea muy posterior.

    ¿Qué hacía la iglesia primitiva cuando llegaba a ser demasiado grande para congregarse en una sola casa? No erigía un edificio, sino que simplemente se “multiplicaba” y se reunía en varias casas, siguiendo el principio de “en las casas” (Hechos 2:46; 20:20). A este respecto, la erudición neotestamentaria concuerda hoy en que la iglesia primitiva era esencialmente una red de congregaciones basadas en hogares. Por lo tanto, si existe una cosa tal como una iglesia normal, ésa es la iglesia que se reúne en una casa. O como un autor lo expresó: "Si hay una forma neotestamentaria de la iglesia, es la iglesia de hogar."

    No obstante, algunos han tratado de argüir diciendo que los cristianos primitivos habrían erigido edificios especializados, si no hubiesen estado bajo persecución; por tanto, se reunían en hogares para esconderse de sus perseguidores. En tanto que esta idea es algo popular, está basada en puras conjeturas y se conforma pobremente con la evidencia histórica. Bill Grimes, en el libro de Steve Atkerson, cristaliza este punto diciendo:
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    “Muchos descartan las iglesias de hogar primitivas como resultado de la persecución. Sin embargo, cualquier libro de texto de historia de la iglesia habrá de revelar que la persecución de antes del año 250 era esporádica, local (no generalizada) y por lo común resultado de la hostilidad del populacho, más bien que de un decreto de un oficial romano. Asimismo este mito de “persecución” permanente choca con las Escrituras. Hechos 2:46, 47 describe las reuniones de hogar en un tiempo cuando la iglesia tenía “favor con todo el pueblo”. Cuando sí estalló la persecución, el reunirse en hogares no detuvo a Saulo de saber exactamente dónde ir para arrestar a los creyentes (Hechos 8:3). Obviamente ellos no tenían en secreto dónde se reunían” (Toward a House Church Theology ).

     El argumento de la persecución es engañoso, por que no había persecución en todo el Imperio. Se sabe que en los lugares en dónde había persecución, se reunían en catacumbas o en lugares más ocultos.

     Si leemos el Nuevo Testamento con la intención de entender cómo se relacionaban unos con otros los cristianos del primer siglo, descubriremos que se reunían en hogares por razones que están en armonía con principios espirituales. Como tales, estas razones son aplicables a nosotros hoy con tanta vigencia, como lo eran a los primeros cristianos. Exploremos aquí algunas de ellas.

     Todas las instrucciones que los apóstoles dieron respecto de la reunión eclesial, encajan mejor para un ambiente de grupo pequeño como el hogar. Las prácticas eclesiales o congregacionales apostólicas normativas, como la participación mutua (Hebreos 10:24, 25); el ejercicio de los dones de cada miembro (1 Corintios 14:26); edificarse juntos los hermanos para ser una comunidad en contacto directo, intencional (Efesios 2:21, 22); la comida comunal (1 Corintios 11); la transparencia y responsabilidad sinceras de los miembros unos hacia otros (Romanos 15:14; Gálatas 6:1, 2; Santiago 5:16, 19, 20); la libertad de preguntar y de tener diálogos interactivos (1 Corintios 14:29-40); y la koinwníiva /koinonía/ (vida compartida) del Espíritu orientada hacia la libertad (2 Corintios 3:17; 13:14), todas operan mejor en un ambiente de grupo pequeño tal como una casa. 
    Es como si mediante la congregación en un hogar se reforzara precisamente el concepto de la familia celestial que trajo Jesús, su mensaje de la Paternidad de Dios y la hermandad entre los hombres.
    En suma, las más de cincuenta exhortaciones de "unos a otros" que hay en el Nuevo Testamento no se pueden obedecer y llevar a la práctica debidamente, sino sólo en un ambiente casero. Por esta razón, la reunión eclesial de hogar conduce eminentemente a la realización del propósito eterno de Dios -un propósito centrado en el "ser juntamente edificados" de un Cuerpo en la semejanza de El Ungido (Efesios 2:19-22).

     El hogar representa la humildad, naturalidad y sencillez de corazón -las características sobresalientes de la iglesia primitiva (Hechos 2:46; 2 Corintios 11:3). El hogar (hablando típicamente) es un lugar mucho más humilde que los imponentes edificios religiosos de nuestros días, con sus elevadas torres, elegantes decoraciones y espaciosos salones. De este modo, la mayoría de los modernos edificios de “iglesia” parecen reflejar más la ostentación de este mundo, que al manso y humilde Salvador cuyo nombre deseamos llevar. 
    Además, el Templo de Jerusalén fue  destruido y esto grabó en los creyentes la idea de que no deberían hacer girar su adoración en torno a un edificio físico. Jesús mismo había declarado: “La hora viene cuando ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre” (…) No obstante, la hora viene, y ahora es, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre con espíritu y con verdad” (Juan 4:21,23).
   No hacer caso a la dirección del Espíritu Santo sería un retroceso a las obras de la Ley Mosaica y asuntos que eran una sombra de la realidad que Jesús trajo.

   Un estudioso comentó al respecto.

  ”Por contraste, los cristianos primitivos procuraban atraer la atención a su Señor Resucitado, más bien que a sí mismos o a sus propias realizaciones materiales. Lo que es más, por lo regular los gastos generales de un edificio religioso cuestan mucha pérdida financiera a los hermanos. ¡Cuánto más generosas serían sus manos para sostener obreros apostólicos (misioneros) y para ayudar a los pobres, si no tuvieran que llevar una carga tan pesada!”- Frank Viola.

   Es curioso como algunos cristianos mormones, adventistas testigos de Jehová utilizan los mismos argumentos de la Iglesia Católica para justificar la existencia de Salones del Reino, Salones de Asamblea, Sucursales, Catedrales Mormonas, Templos Evangélicos,  etc.

   Fue durante el advenimiento de Constantino que se comenzó una frenética construcción de edificios destinados al culto. Al principio, Roma concedió privilegios especiales e hizo importantes donaciones a la Iglesia, apoyando la construcción de templos. (Encontramos un notable paralelo con la exención de impuestos que los gobiernos actuales otorgan a las organizaciones religiosas para que éstas construyan edificios). Estos primeros edificios eran básicos, pero con los siglos no tardaron en degenerar en monstruosas catedrales.

    Fue con la centralización del poder en un Magisterio, Concilio Cardenalicio o Cuerpo Gobernante que apareció la idea de gobernar y controlar a todas las comunidades de la naciente Iglesia Católica. Claro, estamos hablando de la época de la llamada gran apostasía.
     Es importante destacar que C.T Russell, fundador de la sociedad Watchtower, vinculada hoy a los testigos de Jehová, nunca apoyó la construcción de edificios para las reuniones de congregación. Durante décadas los denominados Estudiantes Internacionales de la Biblia de Russell se parecían mucho a los cristianos primitivos. Fue con la llegada de J.F. Rutherford, posterior presidente de dicha sociedad,  que comenzaron a construirse los primeros Salones del Reino. Precisamente en ésa época se comenzó a centralizar el poder en torno a una Entidad Legal que comenzó a controlar a las congregaciones.

     En el pasado Medieval, la construcción de las iglesias exigió los servicios de maestros. Los maestros albañiles, que eran arquitectos e ingenieros, diseñaban las catedrales y otros lugares de culto como capillas y templos más pequeños. Es en ese ambiente que nace la Masonería como un gremio o comité de albañiles para construir Iglesias.

    La acumulación de propiedades y bienes inmuebles sigue siendo un patrón actual de muchas organizaciones que aumentan sus riquezas, incluyendo a la Iglesia Mormona que destaca por sus templos impolutos. Y es frecuente que dichas Iglesias citen los ejemplos de la época Mosaica del Tabernáculo y el Templo para justificar sus edificaciones. Pero hay una gran diferencia. Aquellos centros fueron ordenados por la Divinidad, pero no hay una sola mención en las Escrituras Griegas Cristianas para transferir las ideas de la época de Moisés a las congregaciones cristianas ya sea en Salones de Asamblea, Templos Inmensos, Catedrales, etc.

      Todo concepto de edificio religioso para el cristianismo primitivo estaba descartado porque de alguna forma se desviaba de la edificación del templo espiritual interior de los miembros a un templo material (1 Corintios 3:16). Es cierto que quizás no puedan compararse la suntuosidad de algunos edificios con otros, pero el concepto no tiene que ver con comparar calidad, funcionalidad, capacidad o hermosura, sino si realmente se ajustaba a lo que hacían los cristianos primitivos.

   Hace algunos años, el Estudio de Libro de Congregación para los testigos de Jehová era lo último que era lo más parecido a las reuniones fraternales del Siglo I. Ésta reunión fue eliminada para centralizar la dirección de los asuntos y supuestamente ahorrar gastos. La Noche de Adoración en Familia se presenta como una alternativa, pero solo el tiempo dirá si será utilizada por los mismos cristianos testigos como un germen de tantos en la colaboración de los cambios por venir. 

El hogar refleja la naturaleza familiar de la congregación verdadera

    Hay una afinidad natural entre la reunión de hogar y el motivo familiar de la congregación que satura los escritos de Pablo. Debido a que el hogar es el ambiente natural de la familia, el mismo le proporciona una atmósfera familiar a la ejkklesíiva /ekklesía/ -esa misma atmósfera que saturaba la vida de los cristianos primitivos. ¡Y eso es en el fondo lo que fundó Jesús de Nazaret!: El descubrimiento de la Paternidad de Dios y la fraternidad humana hacia toda la humanidad y cultivada en la hermandad de la Congregación. Sí, la Humanidad es una Familia, y el cimiento para dar a conocer esa buena nueva es la Congregación como hogar familiar. La congregación era una especie de maqueta para enseñar lo que el mundo debía ser. Al respecto note el ambiente familiar-espiritual de las congregaciones primitivas:
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   "De estos textos parece desprenderse que en los tiempos apostólicos los cristianos usaban el término ’Ab·bá’ (papá) en sus oraciones a Dios" - Perspicacia. Es evidente, por lo tanto, que en sus reuniones los cristianos se sentían como parte de una fraternidad espiritual con un Abba en el centro.
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    En total contraste, el ambiente artificial que ofrece el edificio eclesiástico promueve un clima impersonal que, a su vez, inhibe la intimidad y la responsabilidad. El edificio, salón de reuniones, capilla,  e incluso un estadio convencional produce una cierta rigidez sofocante que es contraria a la grata atmósfera extraoficial de la reunión de hogar. Además, resulta bastante fácil “perderse” en un vasto y complejo edificio, o en medio de una multitud en un estadio. Debido a la naturaleza espaciosa y remota de la iglesia basílica o sala de reunión, no es difícil que la gente pase inadvertida (algunos desaparecen terminadas las reuniones formales) -o peor, que se oculte en sus pecados. No es así en un hogar. Todas nuestras verrugas aparecen allí -y con razón es así. En la reunión cada uno es reconocido, aceptado, alentado y ayudado.

     A más de eso, la manera formal en que se hacen las cosas en una edificación religiosa, tiende a desanimar la correspondencia y espontaneidad mutuas que caracterizaban a las reuniones eclesiales primitivas. Por ejemplo, si usted se esfuerza en interpretar la arquitectura de un típico edificio de iglesia o salón, descubrirá que efectivamente el mismo enseña que la iglesia es pasiva. La estructura interior del edificio no está diseñada para que haya comunicación interpersonal, cohesión social, ministerio mutuo o confraternización. En cambio, está diseñada para una rígida comunicación unidireccional -púlpito a banca, líder u orador a congregación.

     A este respecto, el típico edificio de “iglesia” no es diferente de un salón de conferencias o de un cine. La congregación se encuentra cuidadosamente acomodada en bancas (o sillas) para que vea y escuche al pastor, anciano (o sacerdote) que habla desde el púlpito o atril. El público fija su atención en un solo punto -el líder clerical y su púlpito. (En las iglesias litúrgicas, la mesa/altar toma el lugar del púlpito como el punto central de referencia.).  Semejante arreglo no sólo refuerza la sima que hay entre clero y laicado, entre autoridad privilegiada y los sin privilegios,  sino que nutre la mentalidad de “espectador” que aflige a la mayor parte del Cuerpo del Cristo  hoy en día. Con respecto a esto, W.J. Pethybridge observa sagazmente:
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     "En la reunión de un pequeño grupo que tiene lugar en la amistosa unión de un hogar, todos pueden conocerse uno al otro y las relaciones son más reales y menos formales. Siendo un número menor de personas, resulta posible que todos tomen parte activa en la reunión, y así todo el Cuerpo de Cristo presente puede funcionar... Tener un edificio especial para reuniones, casi siempre entraña la idea de una persona especial como ministro, lo que resulta en un “ministerio de un solo hombre” e impide el pleno ejercicio del sacerdocio de todos los creyentes"  (The Lost Secret of The Early Church /El secreto perdido de la iglesia primitiva/).



     Entonces, parece claro que los cristianos primitivos tuvieran sus reuniones en el hogar, para expresar el carácter de la vida de la misma congregación. Esto es, se reunían en las casas para alentar la dimensión familiar de su adoración, comunión y ministerio mutuo. El Padre Celestial y su familia. En esa familia espiritual todos son humildes como niños para recibir la gracia de la Palabra del Padre expresada en la Biblia.  Las reuniones celebradas en el hogar hacían en forma natural que los santos sintieran que los intereses de la iglesia o congregación eran sus intereses. Eso fomentaba un sentido de unión entre ellos mismos y la iglesia, en vez de distanciarlos de ella (como es con tanta frecuencia el caso hoy día -donde los miembros asisten a la congregación como espectadores remotos, más bien que como participantes activos). De hecho, éste último problema es el que genera la merma y la falta de entusiasmo en los proyectos que una congregación puede tener. Además, para a los ancianos se les dificulta el pastoreo. En el caso de los testigos de Jehová, la eliminación de los Estudios de Libro (que eran lo más parecido al arreglo del I siglo) fué una estocada a la supervisión amorosa de los ancianos para dar una atención más personalizada al grupo (hoy reemplazada solo por la breve reunión del servicio de predicación y la búsqueda de los informes).

      En breve, la reunión eclesial casera proporcionaba tanto la conexión, como las relaciones profundamente arraigadas que han de caracterizar a la ekklesía (Iglesia) verdadera. El espíritu de la reunión basada en el hogar proporcionaba a los santos una atmósfera de tipo familiar, en la que ocurría el verdadero compañerismo de convivir hombro con hombro, en contacto directo y de completo acuerdo. Producía un clima que fomentaba la sincera comunicación, la cohesión espiritual y la comunión sin reservas -rasgos indispensables para la plena experiencia y florecimiento de la koinwníiva /koinonía/ (comunión compartida) del Espíritu Santo para la cual fuimos destinados. En todas estas formas, la reunión eclesial casera no sólo es fundamentalmente bíblica, sino que difiere vívidamente del servicio religioso moderno de estilo púlpito-banca, donde los creyentes se ven forzados a confraternizar durante una hora o dos con la parte trasera de la cabeza de algunos. En su análisis respecto del lugar de reunión de la iglesia, W. Nee hace la siguiente observación:
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     "En nuestras congregaciones de hoy debemos retornar al principio del “aposento alto”. La planta baja es un lugar para negocios, un lugar para que los hombres vengan y vayan; pero hay más de atmósfera de hogar en el aposento alto. Es por eso que en la Palabra de Dios encontramos que sus hijos se reúnen en la atmósfera familiar de un hogar privado... debemos tratar de fomentar las reuniones en los hogares de los cristianos... los hogares de los hermanos satisfarán casi siempre las necesidades de las reuniones eclesiales" (The Normal Christian Church Life /La vida eclesial cristiana normal/.)

     Vivimos en un día en que mucha gente, de modo especial la juventud, está buscando autenticidad espiritual. Para mucha de esa gente, las iglesias que se congregan en anfiteatros, salones del reino, en catedrales de cristal y en edificios majestuosos con torres de marfil, parecen superficiales y frívolas. Por contraste, la iglesia que se congrega en un hogar, sirve como un fructífero testimonio de realidad espiritual, en especial a los inconversos (incrédulos) que están escépticos respecto de aquellas instituciones religiosas que equiparan edificios encantadores y presupuestos de muchos millones de dólares con el buen éxito.
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     Muchos inconversos no asistirán a un moderno servicio religioso celebrado en una iglesia basílica, en que se espera que los que asisten, vistan “de etiqueta” para la función. Pero con frecuencia no se sentirán amenazados ni inhibidos al reunirse en la comodidad natural de la casa de alguien, donde pueden ser “ellos mismos”. La atmósfera informal del hogar, en contraste con un edificio eclesiástico, es mucho más atractiva para ellos. Quizá ésta es otra razón de por qué los cristianos primitivos preferían el sencillo ambiente de una casa para adorar a su Señor, más bien que erigir santuarios, capillas paganas y sinagogas, como hacían las demás religiones de su día.

     Irónicamente, muchos cristianos modernos creen que si una congregación no posee un buen edificio, su testimonio al mundo se verá de algún modo inhibido y su crecimiento quedará entorpecido. Asi es común escuchar que los salones son "testimonios en la comunidad" o que ésto provocará un sentimiento de "orgullo" para que los estudiantes asistan. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Arguyendo sobre la base de que la iglesia primitiva no empezó a construir edificios hasta el tercer siglo, Howard Snyder observa:

    "...Puede que los edificios sean buenos para cualquier otra cosa, pero no son esenciales ni para el crecimiento numérico ni para alcanzar profundidad espiritual. La iglesia primitiva poseía estas dos cualidades, y hasta tiempos recientes el máximo período de vitalidad y crecimiento de la iglesia fue durante los primeros dos siglos d. de C. Para decirlo con otras palabras, la iglesia creció más rápido que nunca cuando no tuvo la ayuda -o impedimento- de los edificios eclesiásticos" - (The Problem of Wineskins /El problema de los odres/).


     Con frecuencia se asocia la noción contemporánea de “iglesia” con un edificio (comúnmente llamado "el santuario"). Sin embargo, según la Biblia, son los creyentes en quienes mora la vida de Dios los que son llamados "la casa de Dios", no los ladrillos y la mezcla. Mientras que en el judaísmo el templo ha sido el lugar de reunión consagrado, en el cristianismo la comunidad de creyentes es la que constituye el templo.

     Ésto quedó claro cuando más de tres décadas después de la muerte del Templo del cuerpo de Cristo, el Templo literal de Jehová en Jerusalén comenzó a ser devastado. Tres años y medio más tarde fué destruído totalmente.

     Pero incluso antes de ésto, ya estaba claro dónde estaba el sistema de adoración aprobado:

     "¿No saben que ustedes son el templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en ustedes?" (1 Corintios 3:16).

   
     La ubicación espacial de la reunión cristiana primitiva iba directamente contra las costumbres religiosas del primer siglo. Los judíos habían designado edificios para su adoración corporativa (sinagogas), y asimismo hacían los paganos (santuarios). Así, pues, tanto el judaísmo como el paganismo enseñan que debe haber un lugar consagrado para la adoración divina. Pero no es así con el cristianismo. En el primer siglo, la iglesia primitiva era el único grupo religioso que se reunía exclusivamente en hogares. En tanto que habría sido muy natural que ellos siguieran su herencia judía y erigieran edificios que fuesen apropiados para sus necesidades, de intento se abstenían de hacer eso. Quizá los creyentes primitivos conocían la confusión que los edificios consagrados habrían de producir, y por tanto, se abstenían de erigirlos para preservar el testimonio de que el pueblo constituía las piedras vivas que forman la habitación de Dios.
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     Afanarse en la construcción de Iglesias, Capillas, o Salones,  sean éstos elaborados o sencillos,  es un retroceso espiritual. Es volver a las "sombras" y dejar la "realidad" que nos trajo el Cristo. Y justamente ya que las Escrituras Griegas Cristianas no ofrecen apoyo para la edificación de edificios religiosos, se recurre a los ejemplos de la Era del Pacto de la Ley: El Tabernáculo y el Templo, sobre todo para recaudar fondos.

    Como observamos, el sentimiento de relación familiar, la simplicidad que permite fijar nuestra atención en lo que es espiritual, el sentimiento de que la reunión es—no algo que está en algún compartimento distinto, separado—sino simplemente una más de las muchas hebras de la actividad, que tejidas juntas forman el tejido de una vida de servicio a Dios, y una expresión natural de interés amoroso en los demás nos hacen ver que el arreglo del siglo I era el mejor. Personalmente creo que esos factores se enaltecen con las reuniones en los hogares, y que a menudo quedan enmascarados en los llamados “servicios religiosos” oficiales.

     Hoy, muchos salones e iglesias tienen serios problemas de asistencia. Es mejor por lo tanto, tener una congregación sin edificio, que un edificio vacío sin congregación...
La ‘iglesia’ (ekklesia) en el primer siglo

      Cómo podemos seguir manteniendo una relación significativa con nuestro Creador además de poder tener asociación con compañeros cristianos? ¿Cómo podemos aplicar la instrucción del apóstol Pablo cuando aconsejó “consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las obras excelentes, sin olvidarnos de nuestras reuniones, como es la costumbre de algunos, sino animádonos unos a otros , …”? (Hebreos 10: 24,25 – NAS)

     ¿Puede haber asociación cristiana sin que tenga que haber sumisión al dominio de hombres? ¿Puede haber unidad en Cristo sin que tenga que haber conformidad a una autoridad central terrestre? ¿Puede haber libertad cristiana en las reuniones, o puede la gente y las familias estudiar la Biblia en adoración correcta e independiente de los grandes grupos? Para entender estas y otras cuestiones acerca del compañerismo cristiano, vamos a ver en las Escrituras cómo adoraban juntos los seguidores de Jesús y cómo se reunían como iglesia después de su muerte y resurrección en el primer siglo. Ya hemos analizado el asunto de las llamadas edificaciones religiosas y si las tenían los cristianos. Ahora ahondaremos en el aspecto de las reuniones en sí mismas.
      Los primeros cristianos se servían, como grupo de apoyo, los unos a los otros. Abrazar el Evangelio significaba aceptarse unos a otros en hermandad y compañerismo como miembros de la morada de Dios. Como dijo Pablo:

       “Así es que no sóis extraños ni forasteros, sino que sóis ciudadanos con los santos y también miembros de la casa de Dios, construida sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, con Cristo Jesús mismo como piedra angular. En él toda la estructura esta unida y se forma como templo santo en el Señor; en quien vosotros también sóis edificados espiritualmente en morada para Dios.” -Eph.2:19-22NRSV.

       Compartían sus posesiones (Hechos 2:44-47) y hacían provisiones para los menos afortunados, viudas y huérfanos (Hechos 6:1-7). Se les conocía por su amor y lealtad los unos por los otros, como lo hace notar un historiador de entonces:

      "Se abstienen de todo lo impuro en la esperanza de la recompensa que ha de venir en otro mundo. En cuanto a sus siervos, mayordomos e hijos, los persuaden a ser cristianos por el amor que les tienen; y cuando llegan a serlo, les llaman sin distinción, hermanos. No adoran a dioses extraños; y andan en toda humildad y bondad, y no se encuentra falsedad entre ellos; se aman unos a otros. Cuando ven un extranjero, lo llevan a sus casas y se regocijan con él como un hermano verdadero; porque no llaman a los que andan tras la carne, sino a los que están en el Espíritu y en Dios.

      “Y si hay entre ellos un hombre que es pobre y está necesitado, aunque no tengan en abundancia, en cuestión de dos o tres días logran hacer provisión de los alimentos que se necesitan. Observan escrupulosamente el mandamineto de su Mesías; viven con la honestidad y sobriedad que el Señor su Dios les mandó. Cada mañana, y siempre que perciben la bondad de Dios hacia ellos, le dan gracias por la comida y la bebida y le alaban.

      “Y si de entre ellos alguna persona justa muere, se regocijan y dan gracias a Dios, y tratan su cuerpo como si se mudara de un lugar a otro. Y cuando les nace un niño, alaban a Dios, y si este muere en su infancia, también lo hacen, por haber pasado por este mundo sin pecados.

      “Así es la ley de los cristianos y así es su conducta.” - La Apología de Arístides , Texto siríaco y traducción. Citado en la Encyclopedia Britannica, Vol. 1 (Chicago Encyclopedia Britannica, Inc.), página 346. 7

    Las comidas eran importantes en la vida de la iglesia primitiva. Lucas nos da un vislumbre de aquellos días cuando dice: “Partían el pan en su hogares ["de casa en casa" en la KJV] y comían juntos con corazón sincero y alegre, alabando a Dios y teniendo el favor de toda la gente ” (Acts 2:46,47 NIV).

    El compañerismo que se tenía en esas comidas hacía que fuera una ocasión gozosa para celebrar y demostrar su nuevo parentesco en la familia de Jesús. Esas comidas relacionadas específicamente con el compañerismo y la adoración se las llamó “comidas [agape] de amor,” las cuales también podían haber estado relacionadas con el participar de los emblemas de Cristo. Y cantaban canciones, como se dice:



   "Que la palabra del señor more en vosotros ricamente; enseñaros y estimularos unos a otros en toda sabiduría; y con gratitud en vuestros corazones cantad salmos, himnos y canciones espirituales a Dios. Y cualquier cosa que hagáis, en palabra o en hechos, haced todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre a través de él.” (Col.3:16,17).
     Entonces, “iglesia,” en su acepción más fundamental, significa gente, especialmente el pueblo de Dios. La iglesia cristiana nació con los primeros conversos de la multitud reunida en el Pentecostés, después de la ascensión de Jesús. (Hechos 2:37-42) Se les comisionó entonces a que extendieran el mensaje del evangelio (“buenas nuevas”) de la esperanza del reino de Dios a través de Cristo. (Mat. 28:19-20; 2 Tim.4:1-5) La iglesia, en su sentido universal, abarca a todos los cristianos en el cuerpo de Cristo y alude a ese Reino prometido.
   
    “Pero vosotros sóis un pueblo escogido, una nación santa, un pueblo que pertenece a Dios para que le glorefiquéis, quien os llamó de la oscuridad a la luz maravillosa. Antes no érais pueblo, pero ahora sóis pueblo de Dios; antes no habíais recibido misericordia, pero ahora sí la habéis recibido.” 1 Pedro 2:2-10.

     En un sentido, el reino es una realidad presente, un sistema de apoyo para los que creen y aceptan a Jesucristo y su evangelio. Los cristianos llegan a ser parte del reino de Dios en la tierra. Sin embargo, ellos disfrutan del reino solo de un modo parcial. La plenitud del reino es su destino y su meta. Un anticipo del reino está presente ya en el cuerpo de Cristo. Es esta realidad presente la que nos capacita y nos fortalece para ser peregrinos cristianos. (2 Pedro 1:3-4)

     La iglesia no es un cuerpo colectivo. No es un edificio o una estructura. La iglesia no es un conglomerado institucional y multinacional. La iglesia es gente. Eso no significa que el pueblo de Dios no se organice para tener compañerismo. Las Escrituras indican que el pueblo de Dios tiene cierto grado de estructura y coherencia. Pero la iglesia nunca debería olvidar que está compuesta de personas que están en unión con el Señor, Cristo Jesús. Desafortunadamente, la historia del cristianismo muestra que el pueblo de Dios ha sido muchas veces pasado por alto, olvidado e incluso se ha abusado de él, por parte de la iglesia-institución que intenta gobernar al rebaño.


     Al parecer no había un “programa” rígido y estandarizado para las Iglesias en el I siglo. Pablo declara:

    ¿Qué ha de hacerse, pues, hermanos? Cuando ustedes se juntan, uno tiene un salmo, otro tiene una enseñanza, otro tiene una revelación, otro tiene una lengua, otro tiene una interpretación. Efectúense todas las cosas para edificación.  Y si alguno habla en una lengua, limítese esto a dos o tres a lo más, y por turno; y que alguien traduzca. (…) Porque Dios no es [Dios] de desorden, sino de paz. – 1 Corintios 14:26-27, 33

   Notamos como los asistentes eran los que proporcionaban el alimento espiritual y los temas que con libertad cristiana eran analizados. Solo tenían que hacerlo con el propósito de la edificación colectiva del grupo y por turno en sus exposiciones para mantener el orden.

    Pablo también indica que no todos los cristianos realizaban las mismas labores:

     Y dio algunos como apóstoles, algunos como profetas, algunos como evangelizadores, algunos como pastores y maestros,  con miras al reajuste de los santos, para obra ministerial, para la edificación del cuerpo del Cristo. – Efesios 4:11,12

      Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y miembros individualmente. Y Dios ha colocado a las personas respectivas en la congregación: primero, apóstoles; segundo, profetas; tercero, maestros; luego obras poderosas; luego dones de curaciones; servicios de ayuda, capacidades directivas, diferentes lenguas.  No todos son apóstoles, ¿verdad? No todos son profetas, ¿verdad? No todos son maestros, ¿verdad? No todos ejecutan obras poderosas, ¿verdad?  No todos tienen dones de curaciones, ¿verdad? No todos hablan en lenguas, ¿verdad? No todos son traductores, ¿verdad?  Pero sigan procurando celosamente los dones mayores. Y todavía les muestro un camino sobrepujante. – 1 Corintios 12:27-30

      Esto indica que no todos los cristianos eran evangelizadores o apóstoles. No todos tenían capacidades directivas o servicios de ayuda. En realidad se podía decir que en conjunto, todos de alguna forma al impulsar el cristianismo como un estilo de vida que incluía por palabras y obras lo anterior, constituía realmente la proclamación del Evangelio del Reino, todas las facetas anteriores combinabas eran esa predicación.

Iglesias en hogares en nuestro siglo XXI

     Al entrar en el siglo XXI, está surgiendo un movimiento de personas que desea recuperar el concepto de iglesia en el hogar tal y como lo hacían los primeros cristianos. Muchas personas de fe están descubriendo que eso puede ser una buena alternativa, en lugar de pertenecer a alguna organización religiosa en particular. Desean hacerlo con el espíritu de identificarse con la ciudadanía de la iglesia cristiana universal, y para aplicar la exhortación de poder reunirse unos con otros en amor. -Hebreos 10:24, 25.

     No es necesario grupos grandes*. En la intimidad familiar, con grupos de amigos, o "dónde dos o tres", el Espíritu Santo puede obrar con temas espirituales relacionados con la edificación en Cristo.


      * Nota: Hoy en día los Mormones, Católicos, Testigos de Jehová, Adventistas y otros grupos de carácter Evangélico suelen realizar grandes asambleas, cónclaves o convenciones. Sin embargo, aparte del llamado Concilio de Jerusalén por el asunto puntual gentil en Hechos, no hay una sola referencia neotestamentaria que indique la periodicidad de tales eventos como parte de programas de reuniones de varias congregaciones o iglesias. Solo en los libros del Antiguo Testamento encontramos evidencia de convocaciones masivas, pero que estaban orientadas al Templo y a la Ley Mosaica (congregación en el Monte Sinaí), aspectos que fueron abolidos. 
     
      Una de las dificultades con que se encuentran las personas que salen de una organización religiosa que ha dominado toda su vida es dónde poder encontrar el consuelo que pudiera llenar el vacío social y espiritual que queda. Donde antes parecía que había guía clara para todo aspecto del vivir cristiano, con respuesta para casi toda pregunta a través de los dictados de dirigentes que proclamaban ser dirigidos por el espíritu del Dios Altísimo, parece que ahora quedara poco de todo eso excepto perplejidad y desconcierto.

     La mesa en la que creímos que había un excelente banquete está ahora vacía. El oasis floreciente que pensamos ver en el desierto árido fue solo un espejismo. Algunos se pueden sentir como en un desierto espiritual, sin refugio, teniendo mucho cuidado a la hora de confiar de nuevo en alguna organización en la que puedan adorar sin caer de nuevo en alguna clase de control mental y decepción.

     Los cristianos verdaderos o mejor dicho, aquellos que quieran resurgir los ideales de Jesús,  pueden reunirse en las casas. El "lugar santo será llevado a su condición correcta" (Daniel 8:14). No estarán unidos bajo una Sede Mundial, Vaticano ni nada semejante. No.  Cristo Jesús como cabeza de la congregación otorga su poder pleno a la estructura espiritual fundada por él mismo (la congregación de personas).


      Ciertamente puede ser providencial y hasta guiado por la misma influencia angelical, que a los testigos de Jehová se les anime a tener su llamada “noche de adoración en familia”. De alguna forma, esa adoración tiene incluso más libertad que los anteriores “estudios de libros” porque cada familia puede explorar temas investigados por ellos mismos y vitalizar paradojalmente el verdadero concepto que los cristianos primitivos tenían al reunirse en sus hogares. Quiénes sean testigos de Jehová y lean éstas líneas no saben cuán importante y providencial es que realmente celebren esas reuniones en sus casas, ahora con “permiso oficial”, ya que justamente aquello se parece al modelo del cristianismo primitivo.

      Cristo agrupará a su Cuerpo en una unión espiritual sobrehumana que sobrepasará todo concepto terrenal y finito a todos sus seguidores sinceros y verdaderos esparcidos en todos los credos. De hecho, esa labor ya está en pleno proceso. Y esa levadura escondida en los hogares tiene el potencial de transformar el mundo.


       Nota: En un Apéndice final analizaremos el asunto de la llamada "vestidura cristiana", y si hay evidencia bíblica que justifique el vestir de "traje" en las modernas reuniones religiosas. También comentaremos sobre la llamada expresión "hermano" o "hermana", y hasta que grado se ha convertido en una mera frase, dejando de lado su real significado.