domingo, 4 de mayo de 2014

Lecciones sobre la paciencia - III

“La impaciencia es un veneno del espíritu” - Libro de Urantia, pág.557

Debemos ser pacientes a la hora de esperar resultados con la obra del auténtico evangelio. Hasta ahora ningún grupo en el mundo ha predicado correctamente como Jesús quiso. Solo han tenido atisbos y altibajos al respecto.

Por eso, hemos de disfrutar del proceso, en vez de desear resultados inmediatos. Podemos empezar con pequeños resultados. Primero, la obra del reino debe tener efectos en nosotros. Luego en nuestro entorno más cercano. Posteriormente podemos ir en avance progresivo ampliando gradualmente nuestra área de acción. Por ejemplo, antes de abordar a los grandes políticos, podemos comenzar con los dirigentes de los vecinos, pequeñas asociaciones, etc.

También hemos de tener claro que estamos sembrando para otros, para el futuro de ellos. A diferencia de aquellos grupos que buscan propagar la idea de que el creyente reciba una recompensa personal durante su vida por los servicios a su Iglesia u Organización, nosotros debemos tener presente que son los niños de hoy los que posiblemente recibirán los primeros frutos de nuestra persistente siembra. El resultado de un mundo mejor será plenamente disfrutado por las siguientes generaciones. Nuestro galardón estará en los cielos, seremos como aquel esclavo que trabajó los talentos para su maestro. Nosotros solo somos los precursores de algo mejor.

Esto no significa, que podamos obtener sorpresas y ver grandes avances que regocijarán nuestro corazón. De hecho, podemos tener logros sorpresivos, aunque no debemos preocuparnos por esos resultados.

 (1863.12) 170:4.14 Este mundo nunca ha puesto a prueba de manera seria, sincera y honrada estas ideas dinámicas y estos ideales divinos de la doctrina del reino de los cielos enseñada por Jesús. Pero no deberíais desanimaros por el progreso aparentemente lento de la idea del reino en Urantia. Recordad que el orden de la evolución progresiva está sujeto a cambios periódicos, repentinos e inesperados, tanto en el mundo material como en el mundo espiritual. La donación de Jesús como Hijo encarnado fue precisamente uno de esos acontecimientos extraños e inesperados en la vida espiritual del mundo. Al buscar la manifestación del reino en la época presente, no cometáis tampoco el error fatal de olvidar establecerlo en vuestra propia alma.

A diferencia de aquellos que pregonan una vida pletórica y feliz en un futuro, Jesús nos enseñó que ésta misma vida en la carne puede tener completa felicidad espiritual y logro,  ahora mismo. En medio de las circunstancias difíciles de la vida, Jesús nos enseñó la forma para ser verdaderamente felices.

(1782.1) 160:5.10 Veo en las enseñanzas de Jesús la religión en su mejor expresión. Este evangelio nos permite buscar al verdadero Dios y encontrarlo. Pero, ¿estamos dispuestos a pagar el precio de esta entrada en el reino del cielo? ¿Estamos dispuestos a renacer? ¿A ser rehechos? ¿Estamos dispuestos a someternos a este terrible y agotador proceso de autodestrucción y reconstrucción del alma? Acaso no ha dicho el Maestro: «El que quiera salvar su vida tiene que perderla. No creáis que he venido para traer paz sino más bien lucha por el alma». Es verdad que después que paguemos el precio de la dedicación a la voluntad del Padre, experimentaremos gran paz, siempre y cuando sigamos caminando por los caminos espirituales del vivir consagrado.

Nuestras ideas egoístas de escape y salvación personal deben ser destruidas en una muerte del yo. Nuestra vida será llenada cuando comprendamos que el servicio a otros movido por el amor, es lo único que nos llenará.


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Este correo no es para consultas sobre los temas de este blog ni tampoco para enviar mensajes personales al autor del mismo. Es exclusivamente un medio para intercambiar esfuerzos en la coordinación de los voluntarios que deseen participar en la difusión de las verdaderas enseñanzas de Jesús, y posteriormente estará asociado a la página Web respectiva.

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Muchas gracias.

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