jueves, 10 de julio de 2014

Lo que la Biblia enseña: ¿Qué nos sucede al morir?


La muerte ciertamente causa un inmenso dolor para los sobrevivientes. Sin embargo, ¿qué sucede con la persona que fallece? La Biblia otorga respuestas claras.

“Porque los vivos tienen conciencia de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” – Eclesiastés 9:5

Los difuntos no se encuentran vagando como fantasmas o almas en pena, sino que están inconscientes en un estado similar a un sueño profundo (Juan 11:11-14). La inmensa mayoría de los seres humanos aguardan una resurrección al terminar un milenio de tiempo (Rev. 20:5, 12).

Sin embargo, hay quiénes de acuerdo a su estado espiritual y relación en Cristo, son resucitados de inmediato (Rev. 20:6). La palabra “resurrección” significa “levantarse; ponerse de pie”.


La esperanza para los hombres precristianos

La Biblia indica que los hombres de fe antes de Cristo como Abrahán resucitaron en los cielos, la cual parece que ocurrió al tiempo de la muerte y resurrección de Jesús:

Por fe Abrahán, cuando fue llamado, obedeció, y salió a un lugar que estaba destinado a recibir como herencia; y salió, aunque no sabía adónde iba. Por fe residió como forastero en la tierra de la promesa como en tierra extranjera, y moró en tiendas con Isaac y Jacob, herederos con él de la mismísima promesa.  Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos verdaderos, cuyo edificador y hacedor es Dios” – Hebreos 11:8-10.

Notamos como Abrahán aún cuando ya había llegado a la tierra de la promesa, esperaba una ciudad. ¿Qué ciudad? El mismo Pablo nos explica:

En fe murieron todos estos, aunque no consiguieron [el cumplimiento de] las promesas, pero las vieron desde lejos y las acogieron, y declararon públicamente que eran extraños y residentes temporales en la tierra.  Porque los que dicen tales cosas evidencian que buscan solícitamente un lugar suyo propio.  Y sin embargo, si verdaderamente hubieran seguido acordándose de aquel [lugar] de donde habían salido, habrían tenido la oportunidad de volver. Pero ahora procuran alcanzar un [lugar] mejor, es decir, uno que pertenece al cielo. Por lo tanto, Dios no se avergüenza de ellos, de ser invocado como su Dios, porque les tiene lista una ciudad” – Hebreos 11:13-16.

Notamos que se nos dice que patriarcas que murieron se consideraron residentes temporales en la tierra, y que ellos procuran un lugar que pertenece al cielo, ya que Dios les tiene lista una ciudad. Recordemos que justamente Abrahán esperaba esa ciudad. Se nos dice que desean “alcanzar un lugar mejor”, uno que “pertenece al cielo”.

“[Hubo] mujeres [que] recibieron a sus muertos por resurrección; pero otros [hombres] fueron atormentados porque rehusaron aceptar la liberación por algún rescate, con el fin de alcanzar una resurrección mejor” – Hebreos 11:35

Notamos como estos profetas anhelaban una “resurrección mejor”, una resurrección no temporal y efímera como la resurrección de muestra que hicieron Elías y Eliseo (1Re 17:17-24; 2Re 4:32-37; 13:20, 21). Esta expresión (“resurrección mejor”) se parece a aquella que dice que ellos desean “alcanzar un lugar mejor”, uno que “pertenece al cielo”.

Y, no obstante, todos estos, aunque recibieron testimonio por su fe, no obtuvieron [el cumplimiento de] la promesa,  puesto que Dios previó algo mejor para nosotros, para que ellos no fueran perfeccionados aparte de nosotros” – Hebreos 11:39,40.

Pablo indica que los cristianos podrían ser resucitados sin esperar largos milenios como los hombres precristianos, pero indica finalmente que ellos no serían perfeccionados aparte de los cristianos, lo cual muestra que el destino tanto de los creyentes como de los profetas antes de Cristo es la misma Ciudad Celestial. Esto se confirma en la misma carta a los hebreos:

“Mas ustedes se han acercado a un monte Sión y a una ciudad de[l] Dios vivo, a Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles,  en asamblea general, y a la congregación de los primogénitos que han sido matriculados en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a las vidas espirituales de justos que han sido perfeccionados, y a Jesús el mediador de un nuevo pacto” – Hebreos 12:22-24

Notamos que los habitantes de esa ciudad son: ángeles, la congregación de los primogénitos y “la vida de justos que han sido perfeccionados”. Esta es la misma expresión ya analizada de Hebreos 11:40 en relación a los profetas.  Notamos que éstos justos se diferencian de los ángeles y los cristianos, y por lo tanto, son los patriarcas y profetas que esperaban una resurrección celestial.

¿Hay declaraciones en las Escrituras Hebreas que demuestren la esperanza de los patriarcas y profetas?

Job dijo lo siguiente: 

"Y yo mismo bien sé que mi redentor vive, y que, al venir después [de mí], se levantará sobre [el] polvo. Y después de mi piel, [que] han desollado..., ¡esto!  Aun reducido en mi carne # contemplaré a Dios, a quien aun yo contemplaré por mí mismo, y [a quien] mis ojos mismos ciertamente verán, pero no algún extraño." Job 19: 25-27  - TNM 
# Nota: "Aún reducido en mi carne" significa: Lit.: "Aun fuera de mi carne", o: "Aun aparte de mi carne".

 Queda patente que resurrección anhelaba Job. (Véase 1 Juan 3:2).
 
Otro caso. El Salmo 17:15 dice:

"En cuanto a mí, en justicia contemplaré tu rostro; [ciertamente estaré satisfecho cuando despierte [a ver] tu forma]" - TNM
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 "En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; 
estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza"  - Reina Valera 1995. (Véase 1 Juan 3:2)

" ¡Con tu mano, SEÑOR, sálvame de estos mortales que no tienen más herencia que esta vida! Con tus tesoros les has llenado el vientre, sus hijos han tenido abundancia, y hasta ha sobrado para sus descendientes.  Pero yo en justicia contemplaré tu rostro; me bastará con verte cuando despierte" -  NVI
Nota: Es interesante destacar el versículo 14 según la TNM:

"de los hombres de [este] sistema de cosas, cuya parte correspondiente está en [esta] vida" - Sal. 17:14

"Sistema de cosas" aquí significa: "de la duración de la vida". Heb.: me·jé·ledh.

 El Salmista anhelaba mucho más que esta vida. Su esperanza de estar satisfecho sería "despertar para ver" la gloria celestial tal como declara el versículo 15.  

Así que lejos de creer que todos los hombres antes de Cristo eran de inclinación terrenal o se conformaban con un rancho, esto nos demuestra lo contrario. 


También esta el Levita Asaf quién dijo de si mismo: 

" Guiásteme en tu consejo: y después [me recibirás con gloria]. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y contigo [nada quiero en la tierra]. Desmáyase mi carne y mi corazón, ¡ó roca de mi corazón! que mi porción es Dios para siempre. " Salmo 73: 24-26 - RV 1865.

(Es interesante como vierte la TNM "sola" el vr. 24 [me llevarás] aun a la gloria y no "me recibirás" como vierten muchas otras traducciones):



24 Con tu consejo me guiarás,
y después me llevarás aun a la gloria.

25 ¿A quién tengo yo en los cielos?
Y además de ti, de veras no tengo otro deleite en la tierra.

26 Mi organismo y mi corazón han fallado.
Dios es la roca de mi corazón y la parte que me corresponde hasta tiempo indefinido.

La esperanza de Asaf se hace patente. Veamos otros casos:

“Pero yo os digo que muchos de las partes del este y el oeste vendrán y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera. Allí es donde serán el llanto y el crujir de sus dientes." (Mateo 8:11.12)

Notamos como se usa la expresión "reino de los cielos". En otra ocasión, Jesús se refirió a esta misma escena al responder a la pregunta: “Señor, son unos pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23). Como parte de su respuesta, se vuelve a mencionar a los patriarcas judíos como parte del reino:

 “Ahí es donde serán el llanto y el crujir de sus dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero ustedes mismos arrojados fuera.Además, personas vendrán de las partes orientales y occidentales, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:28,29).

Es interesante que cuando Jesús nos habla de esos patriarcas, nos comenta sobre la resurrección, y claramente no lo hace en sentido simbólico:

”Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso, en el relato acerca de la zarza, cuando llama a Jehová ‘el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob’”. – Lucas 20:37

Algunos le han tratado de dar un simbolismo a Abrahán, Isaac y Jacob, pero Jesús mismo en otras ocasiones también habló de que él estaría en esa mesa con sus apóstoles (Lucas 22:30). Ciertamente los apóstoles no eran figuras simbólicas.

Si Abraham (Jehová), Isaac (Jesús) y Jacob (que según se cree por algunos,  fuese solo un grupo pequeño con esperanza celestial) son los únicos que se supone que habitarán el cielo, entonces ¿a quiénes representan los “muchas gentes de las partes del este y el oeste”, que “estaban a la mesa con ellos en el reino de los cielos? (Mateo 8:11). En el contexto, Jesús estaba elogiando la fe del centurión gentil al afirmar que muchos gentiles estarían en el reino de los cielos, mientras que los “hijos del reino” (los líderes religiosos del tiempo de Jesús) no lo estarían. La incorporación de estos “muchos de Oriente y Occidente” a “Abraham, Isaac y Jacob” ¡resultarían en muchos más seres humanos en el cielo que sólo unos pocos con esperanza celestial! Además, destruiría la ironía implícita en las palabras de Jesús. Si usted toma sus palabras en sentido literal, Jesús está diciendo que los creyentes gentiles van a estar con los patriarcas judíos en el cielo en lugar de los líderes religiosos judíos contemporáneos. ¡Esas serían las palabras impactantes a sus oyentes!

 Mayores problemas se encuentran con las palabras de Jesús en Lucas. “En la mesa en el reino” Otra vez habla de “la gente del este y del oeste, del norte y del sur” recostados a la mesa. Sin embargo, Jesús añade otro grupo, además de los famosos patriarcas judíos: “… cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios , y vosotros echados fuera , “Si Abraham , Isaac y Jacob son personas figurativas, a qué o quiénes representan “todos los profetas”? Se desprende de esta escena celestial que incluye a los hombres y mujeres del “gran salón de la fe” en Hebreos, capítulo 11 (no olvidemos que hubo profetisas en el Antiguo Testamento). Sin duda, Jesús estaba diciendo que todos los grandes personajes del Antiguo Testamento iban a estar con los creyentes gentiles en el reino celestial. El apóstol Pablo dijo de estos hombres y mujeres de fe esperaban la ciudad celestial tal como ya hemos analizado (Hebreos 11:13-16; compare Hebreos 11:8-10; Hebreos 12:22, 23 y 13:14). 

Si ascendiera al cielo, allí estarías; y si tendiera mi lecho en el Seol, ¡mira!, tú [estarías allí]” – Salmos 139:8

Es correcto que desde Adán hasta la muerte y resurrección de Jesús no había acontecido ninguna resurrección celestial. Los fieles estaban durmiendo en la muerte, aunque esperaban la gloria celestial tal como hemos visto en este tema. Por esa razón se dice que "David no ascendió a los cielos" tras morir (Hechos 2:34) y que hasta la venida de Jesús, "Ningún hombre ha ascendido al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre". (Jn 3:13). Esto es en relación a la resurrección celestial.

Ya notamos como el escritor de Hebreos usa ésta expresión: "y a las vidas espirituales de justos que han sido perfeccionados". Parece ser que de alguna forma él pudo saber que habían algunos justos que ya habían sido resucitados al momento de escribir sus palabras. ¿Cómo esto es posible en vista de lo anterior?

7 Ahora bien, a cada uno de nosotros se le dio bondad inmerecida según la manera como el Cristo dio por medida la dádiva gratuita. 8 Por lo cual él dice: “Cuando ascendió a lo alto se llevó cautivos; dio dádivas [en] hombres”. 9 Ahora bien, la expresión “ascendió”, ¿qué significa, sino que también descendió a las regiones inferiores, es decir, a la tierra? 10 El mismísimo que descendió también es el que ascendió muy por encima de todos los cielos, para dar plenitud a todas las cosas. - Efesios 4 (T.N.M)

Aquí Pablo habla de que los cristianos reciben dones y llegan a ser dádivas en hombres gracias al que primero descendió a la Tierra. El texto es muy  interesante. Por ejemplo, en la cita está separado 
"Cuando ascendió a lo alto se llevó cautivos" de "dio dádivas [en] hombres". El explica que de la misma forma como él asciende literalmente también descendió. Además cuando asciende luego da la plenitud, es decir el Espíritu Santo que sería derramado sobre sus discípulos que serían dádivas. Claramente la expresión "Cuando ascendió a lo alto se llevó cautivos"  es una cita pero que contiene otro elemento aparte de "dio dádivas en hombres".

El siguiente comentario es un tanto técnico pero explica a lo que Pablo se refería con la frase, “llevó cautiva la cautividad” o traducido también  "cuando ascendió a lo alto se llevó cautivos", "CUANDO ASCENDIO A LO ALTO, LLEVO CAUTIVA UNA HUESTE DE CAUTIVOS, Y DIO DONES A LOS HOMBRES". 
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""También le parece claro al escritor que, de acuerdo con el uso en las Escrituras, la frase “llevaste cautiva la cautividad se refiere a la liberación de amigos cautivos. Esta frase ocurre solo dos veces en al Antiguo Testamento—en el Salmo 68:18 que cita el Apóstol y en el cántico de Débora y Barac (Jueces 5:12): “Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam.”

Considerada solo como una frase, puede significar una de dos cosas: (1) llevar como prisioneros una cantidad de enemigos, o (2) llevar como recapturados una cantidad de amigos, que habían sido previamente capturados por un enemigo. La segunda parece ser la interpretación más natural y es obviamente el significado de Jueces 5:12, el único pasaje en el cual el contexto determina el significado. Se implica claramente por las palabras, Jueces 4:16, que Barac no tomó prisioneros: “Todo el ejército de Sísera cayó a filo de espada, hasta no quedar ninguno.” La cautividad que llevó Barac tiene que haber sido el Israel cautivo.

Esta, entonces, no es solo la interpretación natural, sino la interpretación escritural que sugiere Efesios 4:8-9—que Cristo descendió al Hades, y luego ascendió al cielo (encima de todos los cielos), llevando a una multitud que ÉL ha liberado (capturado) de la cautividad.-- (Del Comentario de las Santas Escrituras de John Peter Lange, vol.12)""
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Notamos claramente cómo Pablo puede estar hablando de un grupo puntual de personas escogida que resucitaron (estaban cautivos de la muerte),  durante el periodo de la muerte resurrección y ascensión de Cristo.

El evangelio de Mateo sorprende al añadir otros fenómenos prodigiosos no referidos por ningún otro evangelio: un temblor de tierra, el rajarse de las rocas, las tumbas que se abren, y los muertos que resucitan y visitan la ciudad santa de Jerusalén, apareciéndose a muchos.

Algunos han dado explicaciones simbólicas a dichos sucesos, otros dicen que lo que se quiso decir es que el temblor hizo que los cadáveres se vieran en las calles expulsados por la fuerza del movimiento.

 52Y las tumbas conmemorativas se abrieron y muchos cuerpos de los santos que se habían dormido fueron levantados 53 (y algunas personas, saliendo de entre las tumbas conmemorativas después que él fue levantado, entraron en la ciudad santa), y se hicieron visibles a mucha gente. - Mateo 27

 ¿Es posible que una serie de cadáveres estuviesen expuestos tres días y luego entrasen en la ciudad? ¿Era posible que con las estrictas leyes judías sobre los cadáveres las mujeres fueran a la tumba de Jesús con un camino infestado de muertos expulsados? ¿Por qué no se comenta ese incidente en los otros relatos? ¿Es posible que los cadáveres llegaran tan lejos como a la Ciudad misma? ¿Acaso eso no habría provocado un incidente sanitario y religioso que hubiese provocado verdaderas cuarenteas perturbando las fiestas judías?

“y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

La explicación a éste fenómeno es que efectivamente ocurrió una resurrección tras la resurrección de Jesús (y algunas personas los vieron).
Se nos habla de los “santos”, lo que indica que eran los fieles precristianos. Todo indica que fué una Resurrección gloriosa tal cómo ocurrió con Jesús. Y partieron a las otras moradas. Esto fué asociado con su posterior ascensión de la Tierra. Ellos serían los “cautivos” llevados a lo alto.

La resurrección de los santos del AT (Antiguo Testamento) ocurriría cuando viniera el Mesías. Reiteramos, ellos esperaban una resurrección cuando se revelara el Mesías (e incluso "se levantara sobre el polvo"). De hecho, Job (citado anteriormente dice):

"Y yo mismo bien sé que mi redentor vive, y que, al venir después [de mí], se levantará sobre [el] polvo. Y después de mi piel, [que] han desollado..., ¡esto!  Aun reducido en mi carne contemplaré a Dios, a quien aun yo contemplaré por mí mismo, y [a quien] mis ojos mismos ciertamente verán, pero no algún extraño." Job 19: 25-27  - TNM 

De acuerdo con el registro, un rabino había dicho sobre otro santo precristiano:

“R. Jeremías mandó: ‘Cuando me sepulten póngame calzado en los pies y un cayado en mi mano, y tiéndanme de lado, para que cuando venga el Mesías yo esté listo’”. (cit. en Lightfoot, Commentary of the New Testament from the Talmud and Hebraica)

Mucha de esta enseñanza rabínica contenía elementos de verdad. El Mesías, en su más estricto sentido, fue revelado en la resurrección, y es obvio que Cristo produjo las resurrecciones (de algunos santos) como parte de los primeros frutos de Su obra.

El evento se entreteje naturalmente con las enseñanzas del NT como lo que Jesucristo le dijo a María en el cap. 11 de Juan, las palabras de Pablo en cuanto a Cristo, las primicias (plural), y luego los frutos siguientes. Y Cristo llevando cautiva la cautividad (llevando los santos del Seol al primer cielo). 


Colosenses 2:15 dice “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. Esta podría ser una referencia al despliegue público del poder de la resurrección de Jesús. Además se nos demuestra como ésta victoria mermaba el poder de Satanás.

Por lo tanto, tanto Abrahán y todos los fieles precristianos fueron resucitados tras la resurrección de Jesús y emprendieron el viaje para la ciudad celestial y las muchas moradas.    


Las moradas ascendentes

Jesús arrojó luz sobre el destino celestial para los resucitados:


“En la casa de mi Padre hay muchas moradas” – Juan 14:2

Y en Lucas se nos dice:

“Háganse amigos por medio de las riquezas injustas, para que, cuando las tales fallen, se los reciba en los lugares de habitación eternos” – Lucas 16:9

Aquí notamos como se nos describe que hay muchos lugares o moradas para los resucitados.

"El mismísimo que descendió también es el que ascendió muy por encima de todos los cielos, para dar plenitud a todas las cosas" - Efesios 4:10

Parece que Pablo tuvo una vista anticipada de ésos cielos. Concretamente él fué llevado al tercero de éstos cielos:
"Conozco a un hombre en unión con Cristo que, hace catorce años —si en el cuerpo, no lo sé, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe— fue arrebatado como tal hasta el tercer cielo.  Sí, conozco a tal hombre —si en el cuerpo o aparte del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe—  que fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inexpresables que no le es lícito al hombre hablar" - 2 Corintios 12:2-4.

Pablo llama a esa morada celestial, el "tercer cielo", y lo llama "paraíso", lo cual indica que el lugar era sumamente hermoso, un jardín que evocaba al Edén de la Tierra. En ese mundo, se habla una lengua que no le es lícito al hombre terrestre hablar. Parece ser que es la "lengua de los ángeles" que él alude en 1 Corintios 13:1.

El hecho de que exista un "tercer cielo" indica que hay un orden ascendente de esas moradas celestiales. Esto lo confirma la carta a los Hebreos:

"Por fe percibimos que los sistemas de cosas fueron puestos en orden por la palabra de Dios, de modo que lo que se contempla ha llegado a ser de cosas que no aparecen. - Hebreos 11:3


“Por fe percibimos que los mundos fueron puestos en orden por la palabra de Dios, de modo que lo que se contempla ha llegado a ser de cosas que no aparecen” (N.C)

Es interesante que la expresión "puestos en orden" signfica:

“fueron preparados; fueron ajustados”. Lit.: “haber sido ajustados hacia abajo”. Gr.: ka‧ter‧tí‧sthai.

Se nos revela que hay una serie de "cielos" o "mundos" (moradas) que han sido puestas en orden ascendente y que nos llevaría finalmente al "cielo de los cielos" (1 Reyes 8:27).

En un peregrinaje eterno, tal como se analizó en el capítulo que habla sobre la "vida eterna", al vivir en esas moradas y mundos ascendentes, también conoceremos y estudiaremos la creación del Padre en su universo, hasta que finalmente lleguemos al conocimiento pleno del Padre, en su misma Presencia (Juan 17:3).

Ciertamente la belleza y experiencias en esas moradas paradisíacas ascendentes supera lo que podamos imaginar. “La vida que realmente lo es” (1 Timoteo 6:19) se hace plenamente manifiesta en esos mundos.

“Pero así como está escrito: “Ojo no ha visto, ni oído ha oído, ni se han concebido en el corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman” – 1 Corintios 2:9


Cuerpos gloriosos

Los cuatro Evangelios relatan la resurrección de Jesús (Mateo 28:1-10; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-12; Juan 20:1-29). Asimismo, otras porciones de las Escrituras Griegas Cristianas hablan con seguridad de tal evento (1 Corintios 15:3-5).

Notamos que Jesús aparece en un cuerpo similar al que tenía en la carne, pero que sin embargo, parece más perfeccionado y bello. Esto lo notamos cuando María Magdalena no le reconoce de inmediato:

 “Después de decir estas cosas, ella se volvió atrás y vio a Jesús de pie, pero no discernió que era Jesús.  Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, imaginándose que era el hortelano, le dijo: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo quitaré”.  Jesús le dijo: “¡María!”. Al volverse, le dijo ella en hebreo: “¡Rabboni!” (que significa: “¡Maestro!”).  Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: ‘Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes’”.  María Magdalena fue y llevó las nuevas a los discípulos: “¡He visto al Señor!”, y que él le había dicho estas cosas”. – Juan 20:14-18

Aquí notamos que María no reconoce a Jesús porque tiene un cuerpo al parecer algo diferente. Y también Jesús le dice que evite colgarse de él, ya que al parecer ese cuerpo aún se estaba transformando en un material que pudiese ser tocado. María reconoce a Jesús por un gesto de su voz. Algo similar con los discípulos que lo ven en el camino a Emaús (Lucas 24: 13-35) y que no le reconocen. Solo lo hacen cuando él parte el pan,  en un gesto típico de Cristo. Entonces él desaparece de inmediato de su vista.

Cuandos los apóstoles están encerrados y las puertas están aseguradas con cerradura por el temor de los discípulos a los judíos, él se hace visible y se presenta de pie allí en medio de ellos,  como si hubiese atravesado la pared (Juan 20:19). Sin embargo, es interesante que él afirme que aún no es un espíritu en sentido pleno:

“Pero porque estaban aterrados, y se habían atemorizado, se imaginaban que contemplaban un espíritu.  Por eso les dijo: “¿Por qué están perturbados, y por qué se suscitan dudas en su corazón? Vean mis manos y mis pies, que soy yo mismo; pálpenme y vean, porque un espíritu no tiene carne y huesos así como contemplan que yo tengo” – Lucas 24: 37-39

Jesús nos habla que tiene un cuerpo de “carne y huesos”, glorioso, que evidentemente no tiene sangre (1 Corintios 15:50). Pero es un cuerpo parecido al cuerpo humano que tenía, pero que puede viajar rápidamente por largas distancias (desaparecer) y atravesar paredes. Además es ligeramente diferente y más glorioso, aunque él mantenía sus modales y gestos típicos individuales. Parece ser que él se aparece con el primer cuerpo que tendremos en la resurrección, para demostrarnos cuál es nuestro camino tras la muerte. “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Este primer cuerpo finalmente será transformado a un cuerpo totalmente espiritual.

En realidad, la resurrección de Cristo muestra como será la resurrección de los seres humanos:

“Porque si los muertos no han de ser levantados, tampoco ha sido levantado Cristo” (1 Corintios 15:16). “Seremos [unidos con él en la semejanza] de su resurrección” (Romanos 6:5).

Seremos resucitados con un cuerpo semejante a nuestro primer cuerpo con todos nuestros recuerdos, pero sin defectos ni enfermedades, un cuerpo “glorioso”. La Biblia explica esto con claridad:

"No obstante, alguien dirá: “¿Cómo han de ser levantados los muertos? Sí, ¿con qué clase de cuerpo vienen?”.  ¡Persona irrazonable! Lo que siembras no es vivificado a menos que primero muera;  y en cuanto a lo que siembras, no siembras el cuerpo que se desarrollará, sino un grano desnudo, sea de trigo o cualquiera de los demás;  pero Dios le da un cuerpo así como le ha agradado, y a cada una de las semillas su propio cuerpo.  No toda carne es la misma carne, sino que hay una de la humanidad, y hay otra carne del ganado, y otra carne de las aves, y otra de los peces.  Y hay cuerpos celestes, y cuerpos terrestres; mas la gloria de los cuerpos celestes es de una clase, y la de los cuerpos terrestres es de una clase diferente.  La gloria del sol es de una clase, y la gloria de la luna es otra, y la gloria de las estrellas es otra; de hecho, estrella difiere de estrella en gloria.

 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se levanta en incorrupción.  Se siembra en deshonra, se levanta en gloria. Se siembra en debilidad, se levanta en poder.  Se siembra cuerpo físico, se levanta cuerpo espiritual. Si hay cuerpo físico, también lo hay espiritual. (…)  Y así como hemos llevado la imagen de aquel hecho de polvo, llevaremos también la imagen del celestial". - 1 Corintios 15: 35-49

Ciertamente la Resurrección nos espera tras la muerte. Al morir no quedamos como almas en pena ni reencarnamos. Experimentamos una resurrección gloriosa como la de Cristo. Y los hombres precristianos esperaron esa resurrección “mejor”. Por lo tanto, en la Biblia en ninguna parte se habla sobre una resurrección terrestre. Sencillamente si en un juicio aportásemos la evidencia que nos habla de una resurrección celestial, ésta evidencia sería abrumadora. En cambio, la creencia en una resurrección terrestre está basada solamente en especulación, sin ninguna base bíblica clara o explicada en las cartas apostólicas.

Jesús les dijo: “Los hijos de este mundo se casan y se dan en matrimonio,  pero los que han sido considerados dignos de ganar aquel mundo y la resurrección de entre los muertos ni se casan ni se dan en matrimonio.  De hecho, tampoco pueden ya morir, porque son como los ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección.  Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso, en el relato acerca de la zarza, cuando llama a Jehová ‘el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob’.  Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos ellos viven” – Lucas 20:34-38

Podemos confiar en que la muerte es solo un sueño y que para el Padre Celestial el tiempo no existe, él no pierde a sus hijos dormidos aunque pasen siglos,  y él tiene seguras a las personas que están en ese sueño. Podemos afrontar la muerte con la misma confianza con la cual dormimos todas las noches, y podemos consolar también a quiénes están de duelo. 

Notemos lo que Jesús enfatizó en todas sus resurrecciones. ¿Dónde puso el énfasis?:

 “¿Por qué causan ruidosa confusión y lloran? La niñita no ha muerto, sino que duerme” – Marcos 5:39

“Joven, yo te digo: ¡Levántate!” (o ¡Despierta!) – Lucas 7:14

 “Nuestro amigo Lázaro está descansando, pero yo me voy allá para despertarlo del sueño” – Juan 11:11

Las resurrecciones menores que Jesús efectuó en la Tierra no eran para demostrar que existirán resurrecciones terrestres, ya que los hombres incluso precristianos esperaban una “resurrección mejor” (Hebreos 11:35). Más bien era para resaltar que es realmente la muerte, y que el poder de Dios sobre la misma es igual que el que tenemos cuando despertamos a alguien del sueño.

Para nuestro Señor y nuestro Padre la muerte es solo un sueño. Podemos confiar plenamente en la resurrección y que nada tiene poder para separarnos del Amor de Dios (Romanos 8:37-39).

             Preguntas del capítulo: ¿Qué resurrección esperaban los hombres precristianos? ¿Qué destino celestial tendremos tras la muerte? ¿Qué cuerpos poseeremos al resucitar?

Apéndice

¿Presenta una objeción a los santos resucitados tras la resurrección de Jesús, la declaración de 2 Timoteo 2:18?

"Estos mismos se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha sucedido; y están subvirtiendo la fe de algunos"- 2 Timoteo 2:18.

Quizás sí Pablo estaba combatiendo algunas historias (algunas sugerían que los resucitados se quedaron a vivir en la Tierra por siglos) distorsionadas, exageradas o apócrifas sobre la narrativa de Mateo 27:52,53, pero es bueno contextualizar sus dichos.

Pablo habla de Himeneo y Fileto, quienes Pablo nombra en 2 Timoteo 2:17. Estos hombres eran aparentemente miembros de la iglesia (ellos "nombran el nombre de Cristo"—verso 17.) Ellos eran preteristas (la palabra "preterista" es un término gramático que describe lo que es "pasado") en cuanto a la resurrección y probablemente preteristas en cuanto a la Segunda Venida de Cristo también. Pablo nos dice en 2 Timoteo 2:18 acerca de su creencia de que "la resurrección ya ha pasado." ¿Cómo podían estos haber recibido algún prestigio en la iglesia si no hubiesen aceptado la doctrina de la Resurrección?

En realidad ellos abrazaron la idea de que la resurrección espiritual del Cristiano es pasada ó que la resurrección espiritual de Israel es pasada. Por eso ellos argumentaban que no habría resurrección corporal-espiritual futura para los creyentes (ó aun de los no creyentes.) Ellos no hablaban de una resurrección corporal, más bien le daban un sentido casi metafísico simbólico como los gnósticos que negaban el cuerpo. Ellos declaraban que los cristianos ya habían sido resucitados al aceptar la investidura de la religión (como una especie de doctrina Masónica) y que no necesitarían una resurrección corporal celestial, sino que su alma ya inmortal abandonaría el cuerpo sin la necesidad de la resurrección.

Quizás sintiendo el problema de consistencia, algunos Himeneanos están jugando con la idea de que no hubo una encarnación de Cristo tampoco. A pesar de ciertas discontinuidades en el movimiento, todos los Himeneanos disminuyen el cuerpo – creyendo que el cuerpo es extraño al ser humano.

Es digno de reconocer que la misma Watchtower apoya éste punto de vista y dice:

"El apóstol Pablo exhortó a su compañero de labores Timoteo a evitar por todos los medios las ideas de los apóstatas, como Himeneo y Fileto, cuya palabra “se esparcir[ía] como gangrena”. Y añadió: “Estos mismos se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha sucedido; y están subvirtiendo la fe de algunos” (2 Timoteo 2:16-18). Al parecer, Himeneo y Fileto enseñaban que la resurrección era solo simbólica y que los cristianos ya habían resucitado en sentido espiritual. Es cierto que cuando nos convertimos en auténticos discípulos de Cristo llegamos a vivir a los ojos de Dios, algo que el mismo Pablo expresó abiertamente (Efesios 2:1-5). Sin embargo, la enseñanza de aquellos dos falsos maestros no tomaba en cuenta la promesa de Jesús de que los muertos resucitarán en sentido literal bajo el Reino de Dios (Juan 5:28, 29).

La idea de una resurrección puramente simbólica fue desarrollada más tarde por el gnosticismo. Creyendo que era posible alcanzar el conocimiento (griego, gnósis) por medios misteriosos, los gnósticos unieron doctrinas del cristianismo apóstata, ideas filosóficas griegas y tradiciones del misticismo oriental. Por ejemplo, sostenían que la materia era mala y que, por tanto, Jesús no vino en carne, sino en un cuerpo aparente (doctrina conocida como docetismo). Era precisamente contra este tipo de error que había advertido el apóstol Juan (1 Juan 4:2, 3; 2 Juan 7)". - La Atalaya 2006
w06 1/12 págs. 4-7