lunes, 24 de diciembre de 2018

"La justicia" y "los derechos"



Es muy interesante que los Documentos hablan sobre la "justicia" y su punto de vista armoniza con el de algunos pensadores reflexivos. El Doctor Dyer escribió en su libro "Tus zonas erróneas":

"Si el mundo estuviera tan organizado que todo tuviera que ser justo, no habría criatura viviente que pudiera sobrevivir ni un solo día. A los pájaros se les prohibiría comer gusanos, y habría que atender a los intereses personales de todos los seres humanos.

Estamos condicionados a buscar justicia en esta vida; y cuando no lo conseguimos sentimos enfado, ansiedad o frustración. En realidad sería igualmente productivo que buscáramos la fuente de la eterna juventud o algún otro mito por el estilo.

La justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Simplemente el mundo no ha sido organizado de esa manera.

Los gorriones comen gusanos. Eso no es justo para los gusanos. Las arañas comen moscas, lo que no es justo para las moscas. Los cuguares matan coyotes. Los coyotes matan tejones. Los tejones matan ratones. Los ratones matan insectos. Los insectos... No tienes más que observar la naturaleza para darte cuenta de que no hay justicia en este mundo. Los tornados, las inundaciones, los maremotos, las sequías, todas esas cosas son injustas.

Este asunto de la justicia es un concepto mitológico. El mundo y la gente que vive en él son injustos todos los días. Tú puedes escoger ser feliz o ser desgraciado, pero esta elección nada tiene que ver con la falta de justicia que veas a tu alrededor.

Éste no es un punto de vista amargado de la humanidad y del mundo sino que más bien un informe realista sobre lo que es el mundo. La justicia es un mero concepto casi imposible de aplicar, en especial, en lo que se refiere a tus propias opciones de realización y felicidad personales. Pero muchos de nosotros tendemos a exigir que la justicia y equidad sea parte inherente de sus relaciones con los demás. "No es justo." "Tú no tienes derecho a hacer eso si yo no puedo hacerlo", y "¿Te haría yo una cosa así a ti?".

Éstas son las frases que usamos. Queremos justicia y usamos su carencia como justificación para la infelicidad.

La exigencia de justicia no es un comportamiento neurótico. Sólo se convierte en zona errónea cuando te castigas a ti mismo con una emoción negativa al no poder ver la justicia que exiges. En este caso el comportamiento autofrustrante no es la exigencia de justicia, sino la inmovilización que puede generar esa realidad sin justicia.

Nuestra cultura promete justicia. Los políticos se refieren a ella en todos sus discursos. "Necesitamos igualdad y justicia para todos." Sin embargo día tras día, más aún, siglo tras siglo, la falta de justicia continúa. Pobreza, guerras, pestes, crímenes, prostitución, drogas y asesinatos siguen sucediendo generación tras generación tanto en la vida pública como en la privada".– Wyne Dyer.


Los Documentos de Urantia también se expresan en términos semejantes con respecto a la "justicia humana":


70:10.1 (794.13) La justicia natural es una teoría elaborada por el hombre; no es una realidad. En la naturaleza, la justicia es puramente teórica, totalmente ficticia. La naturaleza no ofrece más que una clase de justicia —la conformidad inevitable de los resultados a las causas.


70:10.2 (794.14) La justicia, como la concibió el hombre, significa reivindicar los derechos y, por tanto, es cuestión de evolución progresiva. El concepto de la justicia bien puede ser constitutivo en una mente dotada de espíritu, pero no surge en la existencia con todo su esplendor en los mundos del espacio.


La justicia como concepto es una creación de la mente humana y de la sociedad que la va adaptando y regulando. El gran error de los políticos es predicar que la "justicia" es sinónimo de "equidad" o "igualdad". Un alumno puede merecer obtener una nota inferior en un examen porque evidentemente no estudió. Su calificación o nota es justa y proporcional a lo que merece de acuerdo a sus méritos y esfuerzos. Pero no sería justo subir su calificación para lograr una igualdad o equidad entre sus pares. Esa es la fatal confusión que pregona la izquierda política. La verdadera equidad e igualdad social va del lado de la justicia, no en los resultados, sino en proveer a que todos tengan la oportunidad por igual de lograrlo.


70:10.2 (794.14) La justicia, como la concibió el hombre, significa reivindicar los derechos y, por tanto, es cuestión de evolución progresiva. 

Notemos como los Documentos de Urantia también se adentran en este asunto de los llamados "derechos":

70:9.1 (793.11) La naturaleza no le confiere al hombre derechos, sino vida, y un mundo en donde vivirla. La naturaleza no confiere ni siquiera el derecho de vivir, tal como se puede deducir si consideramos lo que probablemente le sucedería a un hombre inerme si éste se enfrentara con un tigre hambriento en el bosque primitivo. La seguridad es el don primordial que la sociedad otorga al hombre.

Así que los "derechos" son también una mera construcción social. Un hombre abandonado en la naturaleza no tiene el derecho automático de vivir de forma entregado por la misma naturaleza. Las exigencias de "derechos" como si estos fuesen automáticos desde el nacimiento también son construcciones sociales. 

70:9.13 (794.8) Cuando los derechos son tan antiguos que se les desconoce su origen, se les suele denominar derechos naturales. Pero los derechos humanos, en realidad, no son naturales; son enteramente sociales. Son relativos y cambian constantemente, pues no son más que las reglas del juego —adaptaciones reconocidas de las relaciones que rigen los fenómenos de competencia humana, las cuales van siempre cambiando.

70:9.14 (794.9) Lo que se puede considerar como correcto en una edad, puede no considerarse como tal en otra. La supervivencia de grandes cantidades de personas anormales y degeneradas no depende de que tengan el derecho natural de estorbar la civilización del siglo veinte, sino porque, sencillamente, así lo decreta la sociedad de la edad, las costumbres establecidas.

70:9.15 (794.10) Pocos derechos humanos se reconocían durante el medioevo europeo; en ese entonces todo hombre pertenecía a otro, y los derechos no eran más que privilegios o favores otorgados por el estado o la iglesia. La revuelta que surgió de este error fue igualmente errónea por cuanto fue causa de la creencia de que todos los hombres nacen iguales.

70:9.16 (794.11) Los débiles y los inferiores siempre han luchado por tener los mismos derechos que los demás; siempre insistieron en que el estado debía obligar a los fuertes y superiores a satisfacer las necesidades de ellos y compensar de otras formas las deficiencias que, muy a menudo son el resultado natural de su propia indiferencia e indolencia.

70:9.17 (794.12) Pero este ideal de la igualdad es el fruto de la civilización; no se encuentra en la naturaleza. Incluso la cultura misma demuestra de forma contundente la desigualdad inherente a los hombres a través sus muy desiguales capacidades culturales. La realización repentina y no evolucionaria de la supuesta igualdad natural volvería a precipitar al hombre civilizado a las toscas usanzas de las edades primitivas. La sociedad no puede ofrecer los mismos derechos a todos, pero sí puede comprometerse a administrar los variados derechos de cada quien con justicia y equidad. Le corresponde e incumbe a la sociedad proporcionar al hijo de la naturaleza una oportunidad justa y pacífica de perseguir la autoconservación, de participar en la autoperpetuación, y al mismo tiempo, de gozar de cierto grado de autogratificación; la suma de los tres constituye la felicidad humana.

Puede que a algunas personas con vinculaciones o simpatías hacia el progresismo de izquierda estos preceptos les choquen, pero son enteramente reales. Desde los años setenta del siglo XX algunos grupos comienzan lentamente a tener semjenzas con éstas ideas (como algunos liberales clásicos o libertarios)*, no porque hayan leído el Libro de Urantia, sino porque son realidades puras y duras verdaderas.

*Nota: Los liberales clásicos y libertarios no son lo mismo que los liberales morales. Más bien se centran en que el individuo no debe depender del Estado.

Los hombres no nacen iguales. Hay diferencias naturales entre estos. No pueden entregrase los mismos derechos a todos porque aquello sería nivelar "hacia abajo", se produciría una igualdad artificial que sumiría a todos en un estado más pobre y precario. 

Pero declarar lo anterior bajo las consignas actuales del socialismo son un pecado mortal que nos puede llevar a la inquisición.

La solución como dicen los Documentos no es repartir beneficios y derechos supuestos a todo el mundo, ya que en última instancia si consideramos que "comer" es un "derecho", la comida debería repatirse gratis y ésto llevaría al caos comunista de países hoy en quiebra. Así mismo cuando los Estados se inclinan a creer que todo es un derecho se avanza hacia ese abismo.

La forma de solucionar este asuntos es, en palabras de los Documentos, que los diferentes derechos y oportunidades proporcionales para cada individuo sean administrados bien.* Cada persona debería tener oportunidades de crecer, surgir y autorealizarse para que cada persona pueda pararse por sus propios pies. Un buen Estado ayudará a los individuos a eso, pero no los volverá seres parásitos del mismo sistema, ya que aquello solo trae la semilla de la destrucción lenta o repentina de un sistema social.

*Nota: La clave está en entender que el verdadero "derecho" es una oportunidad proporcional a cada persona. Las personas deben tener oportunidades de educarse, de tener una vivienda, etc. Pero confundirlo con "derechos" automáticos obligatorios desde el nacimiento es un error.