jueves, 4 de julio de 2013

Enseñar la verdad

(1569.4) 140:1.7 Y no será tanto por las palabras que vosotros habléis, sino por la vida que vosotros viváis que los hombres conocerán que habéis estado conmigo y que habéis aprendido sobre realidades del reino.

Jesús de Nazaret no quería tanto que le dijéramos a la gente lo que sabíamos, sino más bien que pudiésemos inspirar a las personas por nuestra propia vida con una pasión inmensa por Dios y por los demás.

En Juan 13:35 se nos muestra que el Amor es lo que nos identifica como auténticos discípulos que enseñan su verdad.

El arte de la enseñanza abarca el grado de veracidad con el que reflejamos en nuestra vida la esencia de lo que enseñamos.

Una de las cosas más tristes que provoca una metodología estructurada y sistemática de predicación es que las personas solo se sienten seguras para predicar si solo tienen literatura religiosa en su bolso o recitan un pasaje bíblico. La predicación se transforma en sermón, no en una experiencia de vida que enseñe con la misma vida y conversaciones cotidianas.

El problema de la religión formal es que ésta solo opera formalmente solo en momentos y horarios oficiales y formales. Por lo tanto, la mente de sus miembros comienza a creer que los otros momentos no son sagrados, no son religiosos ni especiales. Y eso es lo que ha provocado el doble estándar de muchas personas militantes de los cultos.

Jesús no quiso ni vivió nada de eso. Su vida entera un testimonio lleno de entusiasmo. El había logrado tal conexión íntima con el Padre Celestial que el  amar y servir  a sus hermanos mortales en toda faceta de la misma era una sublime experiencia de servicio y adoración sagrada. Tanto al trabajar en su taller durante muchos años como el curar a los enfermos era una experiencia de devoción a Dios.

Y cuando hablaba del Padre Celestial como Maestro vibraba al hacerlo y vivirlo. El vivía a Dios.

(2087.3) 196:0.3  La gran contribución de Jesús a los valores de la experiencia humana no fue que revelara tantas nuevas ideas sobre el Padre en el cielo, sino más bien que tan magnífica y humanamente demostró un nuevo y más alto tipo de fe viva en Dios. Nunca en todos los mundos de este universo, en la vida de cualquier mortal, vino Dios a ser tal realidad viva como en la experiencia humana de Jesús de Nazaret.

Jesús deseaba que nosotros también pudiésemos cultivar esa religión experencial de contacto íntimo con Dios. Es más, la clave no estaba en elementos externos sino en el interior.

"A cualquiera que beba del agua que yo le daré de ningún modo le dará sed jamás, sino que el agua que yo le daré se hará en él una fuente de agua que brotará para impartir vida eterna”.- Juan 4:14


.La fuente de la vida eterna está en nosotros mismos. Jesús explica que al liberar la fuente inmensa de poder y verdad, ésta se transforma en una misma fuente de vida eterna para ser derramada. Es el Ajustador del Pensamiento, el mismo Dios que mora en nuestro interior lo que es la fuente de la vida eterna.


"Porque contigo está la fuente de la vida" - Salmo 36:9 y esa comunión con Dios provoca una transformación. Descubrir que tienes al Padre en tu interior te cambiará para siempre.

“No sólo existe la criatura en Dios, sino que Dios también vive en la criatura. «Sabemos que en él moramos porque vive en nosotros; nos ha dado su espíritu. El don del Padre del Paraíso es el compañero inseparable del hombre». «Es el Dios siempre presente y que lo abarca todo». «El espíritu del Padre sempiterno se oculta en la mente de todos los hijos mortales». «El hombre sale a buscar un amigo y ese mismo amigo vive dentro de su propio corazón». «El verdadero Dios no está lejos; es parte de nosotros; su espíritu habla desde dentro de nosotros». «El Padre vive en el hijo. Dios está siempre con nosotros. Es el espíritu guiador del destino eterno».” (45.1) 3:1.4

Experimentar que Dios está en nosotros nos convierte en un gigante. Abrazar y sentir al Padre Universal y establecer "contacto" con él nos transforma en fuentes de agua para impartir vida eterna. "Busca al Padre en lo más hondo de tu ser" es el llamado. "Escucha su voz suave" que resuena en tu interior y que te guía siempre a lo correcto, equilibrado, certero, verdadero, bueno y bello.

 Cuando tenemos contacto con el mismo Padre Universal el poder de la Fe  tantas veces enseñado por Jesús  y los ideales altruistas se vuelven el motor real de nuestra vida y todo a nuestro alrededor es contagiado. La alegría, el optimismo y la esperanza se vuelven una parte importante de nuestro ser. Y las personas se inspirarán ante nuestra excelsa asociación con Dios. Entonces seremos Maestros integrales en todo aspecto. Viviremos nuestras enseñanzas sobre el Padre Celeste. E incluso los errores e imperfecciones de nuestros semejantes serán puestos en su debida perspectiva por ese amor. El amor incluso disolverá nuestros prejuicios e ideas para juzgar a otros. Amaremos como Dios ama a todos los hombres porque lograremos adquirir una comprensión sobrehumana de los asuntos.

“El impulso más positivo de servicio social y el idealismo del altruismo se derivan del impulso directo del espíritu divino que reside en la mente humana.” (1133.6) 103:5.1

“Es fatal para el idealismo del hombre que se le enseñe que todos sus impulsos altruistas son meramente el desarrollo de sus instintos gregarios naturales. Pero se encuentra ennoblecido y poderosamente energizado cuando aprende que estos impulsos superiores de su alma emanan de las fuerzas espirituales que residen en su mente mortal.
             
“Eleva al hombre por encima y más allá de sí mismo el comprender plenamente que dentro de él vive y afana algo que es eterno y divino. Y así pues una fe viva en el origen superhumano de nuestros ideales valida nuestra creencia de que somos los hijos de Dios y hace reales nuestras convicciones altruistas, los sentimientos de la hermandad del hombre.” (1134.6) 103:5.8

Cuando tomamos conciencia de que nuestros impulsos dirigidos a la bondad, la belleza y la verdad. Cuando deseamos sembrar paz y ser transformadores del mundo, entonces nos estremecemos al descubrir que es el Padre Universal que con un poder inmenso obra mediante nosotros para transformar la realidad.

Comprender, experimentar al Padre Universal morando en ti, y luego ajustar mas plenamente tus pensamientos a como Dios ama a la humanidad te vuelve como el mismo Padre Universal que ama a todos sus Hijos. Entonces comprenderás el amor de Dios y querrás derramarte en otros.

“No puedes realmente amar a tus semejantes por un simple acto de tu voluntad. El amor tan sólo nace de la comprensión completa de las motivaciones y sentimientos de tus semejantes. No es tan importante amar a todos los hombres hoy como lo es que cada día aprendes a amar aún a uno más entre los seres humanos. Si cada día o cada semana consigues comprender a uno más de entre tus semejantes, y si éste es el límite de tu habilidad, estás entonces ciertamente socializando y verdaderamente espiritualizando tu personalidad. El amor es contagioso, y cuando la devoción humana es inteligente y sabia, el amor es más contagioso que el odio. Pero tan sólo el amor genuino y altruista es verdaderamente contagioso. Si cada mortal pudiese volverse tan sólo el objeto de un afecto dinámico, este virus benigno del amor llenaría muy pronto la corriente sentimental de emoción de la humanidad hasta tal punto que toda civilización estaría comprendida por el amor y ésa sería la realización de la hermandad del hombre.” (1098.3) 100:4.6

Esto nos transforma en auténticos maestros. Solo así enseñamos en sentido superlativo y pleno la verdad. Y al conectar con esta fuerza todopoderosa e imparable podremos en unión con Dios transformar el mundo.

Entonces la voluntad de Dios se hará en la Tierra.

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