lunes, 21 de julio de 2014

Lo que la Biblia enseña: ¿Por qué existe el sufrimiento?

La Biblia enseña que la materia y la naturaleza es finita y perecedera (Salmo 90:5, Juan 6:27, Hebreos 8:5). Incluso el oro y la plata “perecen”  y son “corruptibles” a pesar de ser elementos de gran duración (1 Pedro 1:7; 1:18). De hecho se declara que en un futuro muy lejano los elementos materiales que forman los planetas y soles, incluyendo a la Tierra, pasarán (Mateo 24:35):

Explosión de Supernova
"Hace mucho tú colocaste los fundamentos de la tierra misma, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos mismos perecerán, pero tú mismo quedarás en pie; e igual que una prenda de vestir todos ellos se gastarán. Igual que ropa los reemplazarás, y ellos terminarán su turno. Pero tú eres el mismo, y tus propios años no se completarán". – Salmos 102:25-27

”Levanten los ojos a los cielos mismos, y miren a la tierra abajo. Porque los mismísimos cielos tienen que dispersarse en fragmentos justamente como humo, y cual prenda de vestir la tierra misma se gastará, y sus habitantes mismos morirán como un sencillo jején. Pero en cuanto a mi salvación, resultará ser aun hasta tiempo indefinido, y mi propia justicia no será destrozada”. – Isaías 51:6

El mismo apóstol hizo cita de los salmos como una realidad de la permanencia de Dios al declarar:

Y: “Tú en [el] principio, oh Señor, colocaste los fundamentos de la tierra misma, y los cielos son [las] obras de tus manos.  Ellos mismos perecerán, pero tú mismo has de permanecer de continuo; e igual que una prenda de vestir exterior todos ellos envejecerán, y los envolverás igual que una capa, como una prenda de vestir exterior; y serán cambiados, pero tú eres el mismo, y tus años nunca se acabarán”. – Hebreos 1:10-12

La creación es finita por naturaleza; solo Dios es infinito. Y en la misma carta a los Hebreos se declara que las cosas materiales son una “sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5) y que el fin de Dios es “llevar a la gloria a muchos hijos” (Hebreos 2:10) en la existencia celestial e “incorruptible”  “reservada en los cielos” (1 Pedro 1:4).

El que la creación sea finita e incompleta lo observamos en las transformaciones físicas que ocurren en el universo material. Efectivamente los cielos, los astros y planetas envejecen y son reemplazados, tal como lo vemos en las fusiones de galaxias y explosiones estelares. 

Todo lo anterior provoca que existan algunas “lagunas” en el espacio y el tiempo, y puedan ocurrir “sucesos imprevistos”.

“Regresé para ver, bajo el sol, que los veloces no tienen la carrera, ni los poderosos la batalla, ni tienen los sabios tampoco el alimento, ni tienen los entendidos tampoco las riquezas, ni aun los que tienen conocimiento tienen el favor; porque el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos” – Eclesiastés 9:11

Notamos que dos factores en el universo finito afectan la materia y causan los accidentes sin que éstos sean provocados por Dios: el paso del tiempo y el suceso imprevisto (suceso impredecible).

Todos son lo mismo en lo que tienen todos. Un mismo suceso resultante hay para el justo y el inicuo, el bueno y el limpio y el inmundo, y el que sacrifica y el que no sacrifica. El bueno es lo mismo que el pecador; el que jura es lo mismo que cualquiera que ha temido un firme juramento. Esto es lo calamitoso en todo cuanto se ha hecho bajo el sol, que, porque hay un mismo suceso resultante para todos”. – Eclesiastés 9:2,3

“Porque tampoco conoce el hombre su tiempo. Justamente como peces que se cogen en una red dañina, y como pájaros que se cogen en una trampa, así son cogidos en lazo los hijos de los hombres en un tiempo calamitoso, cuando este cae sobre ellos de repente”. – Eclesiastés 9:12

Afortunadamente no ocurren accidentes a cada instante ya que existe una estabilidad general en la creación, pero a veces lo que es inevitable ocurre en la naturaleza, dada su condición temporal y cambiante de la misma (donde se provocan algunas "lagunas" o "burbujas" breves en la misma). De esta forma, las catástrofes naturales golpean miles de vidas, o los accidentes sorprenden a las personas que están en el lugar y momentos equivocados.

Notamos que la primera causa del sufrimiento son los accidentes y desastres de la naturaleza que nos sorprenden de imprevisto o aparecen como asuntos inevitables. Sin embargo, estos de ninguna forma son causados por Dios:

“Al estar bajo prueba, que nadie diga: “Dios me somete a prueba”. Porque con cosas malas Dios no puede ser sometido a prueba, ni somete a prueba él mismo a nadie” – Santiago 1:13

Jesucristo cuando habló del derrumbe de la torre de Siloam nos habló de los accidentes como sucesos que afectan a malvados y buenos. En aquella ocasión perecieron dieciocho personas. Sin embargo, Jesús dejó claro que su muerte no se debió al castigo divino, sino a que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado (Lucas 13:1-5). Meditar en este hecho puede ayudarte a ver las tragedias desde la justa perspectiva.

Pero hay otra causa del sufrimiento y que surge de las mismas criaturas inteligentes. El Padre Universal generosamente ha dotado a sus hijos celestiales y humanos con la libertad de elección (libre albedrío). Este regalo contiene el potencial para que las personas puedan escoger bien o escoger mal. En la misma carta de Santiago que citamos en relación a que Dios no causa el sufrimiento se nos dice sobre este asunto:

“Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte” – Santiago 1:14,15

La Biblia declara que uno de los seres espirituales se rebeló contra Dios y arrastró a otros ángeles en su rebelión (Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:11-19; Apocalipsis 12:3,4). Esta criatura espiritual conocida como el Diablo logro que Adán y Eva también le siguiesen en su revuelta contra Dios, los cuales provocaron que la humanidad se viera más expuesta a la muerte con un gran sufrimiento. También las enfermedades comenzaron a asolar a la humanidad.

Muchos seres humanos con sus actitudes egoístas y autodestructivas han aumentado el sufrimiento mediante guerras, delincuencia, saqueo, y muchos problemas sociales como las familias rotas y desorden moral. Incluso un solo malvado puede causar gran destrucción aunque existan muchos buenos:

 “La sabiduría es mejor que los útiles de pelear, y simplemente un solo pecador puede destruir mucho bien” – Eclesiastés 9:18.

Cómo notamos, las personas se han causado sufrimiento a sí mismas y a los demás mediante el utilizar de forma equivocada el don del Libre Albedrío. Por lo tanto, tampoco en los problemas humanos Dios es el causante del sufrimiento.

En ocasiones los dos aspectos que causan el sufrimiento se conjugan y se mezclan, lo que aumenta mayormente el dolor. Por ejemplo, tras un desastre natural, la mala administración y los abusos de los mismos seres humanos agrava el sufrimiento y lo prolonga de forma innecesaria. Esto particularmente ocurre en nuestro mundo. Por ejemplo, en África las condiciones adversas de las sequías son agravadas por la guerra civil, lo cual causa más muertes prematuras y hambrunas de niños e inocentes.

Ahora bien, la Biblia nos muestra como podemos enfrentar el sufrimiento y cual debe ser nuestra actitud ante éstas circunstancias. 

“En este hecho ustedes están regocijándose en gran manera, aunque ahora, por un poco de tiempo, si tiene que ser, han sido contristados por diversas pruebas, a fin de que la cualidad probada de su fe, de mucho más valor que el oro que perece a pesar de ser probado por fuego, sea hallada causa de alabanza y gloria y honra al tiempo de la revelación de Jesucristo”. – 1 Pedro 1:6,7

Cuando el sufrimiento es experimentado puede endurecer para el mal a una persona (creando odio, agresión y venganza), o puede generar en ella las mejores cualidades humanas posibles (paciencia, compasión, altruismo y bondad). Se le llama un refinador que somete al fuego la fe, que es más valiosa que el mismo oro. Esta actitud hacia el sufrimiento la experimentó hasta Cristo mismo:

“Mirando atentamente al Agente Principal y Perfeccionador de nuestra fe, Jesús. Por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” – Hebreos 12:2

“Considérenlo todo gozo, mis hermanos, cuando se encuentren en diversas pruebas,  puesto que ustedes saben que esta cualidad probada de su fe obra aguante.  Pero que el aguante tenga completa su obra, para que sean completos y sanos en todo respecto, sin tener deficiencia en nada”. – Santiago 1:2,3

La Biblia reitera muchas veces que el sufrimiento es una especie de refinador en nosotros, nos vuelve más humanos, misericordiosos, compasivos, nos hace fuertes, y puede sacar lo mejor de nosotros en medio de la adversidad. Es como cuando el oro es purificado en un horno, la escoria que lo rodea se desprende y éste brilla con fulgor (Isaías 48:10,11; Deut. 8:2).

“Entonces, al ir pasando, vio a un hombre ciego de nacimiento.  Y sus discípulos le preguntaron: “Rabí, ¿quién pecó: este hombre, o sus padres, para que naciera ciego?”.  Jesús contestó: “Ni este hombre pecó, ni sus padres, sino que fue para que las obras de Dios se pusieran de manifiesto en su caso. Tenemos que obrar las obras del que me envió mientras es de día; la noche viene cuando nadie puede trabajar.  Mientras estoy en el mundo, luz soy del mundo”.  Después de decir estas cosas, escupió en la tierra e hizo barro con la saliva, y puso su barro sobre los ojos [del hombre]  y le dijo: “Ve a lavarte en el estanque de Siloam” (que se traduce ‘Enviado’). Y él se fue, pues, y se lavó, y volvió viendo”. – Juan 9:1-7

Notamos que el hombre ciego padecía su sufrimiento no debido a un pecado heredado ni a una maldición divina. Más bien, la existencia de su sufrimiento era “para que las obras de Dios se pusieran de manifiesto en su caso”. En otras palabras, el sufrimiento es una oportunidad para manifestar el poder de Dios en proporción de acuerdo a nosotros. En el caso de ese hombre, significó una manifestación del poder del Cristo. En nuestro caso en muchas ocasiones, tiene que ver con hacer brillar nuestras mejores cualidades, algunas de las cuales son casi heroicas ante la adversidad. En medio de la mayor oscuridad, podemos hacer brillar nuestra más grande luz. Somos “luz del mundo” mientras estamos en este mundo que tiene la potencialidad de la oscuridad, el error y el sufrimiento.  Por ejemplo, sobre su “espina en la carne”, Pablo dijo:

Tocante a esto, tres veces supliqué al Señor que esta se apartara de mí;  y, con todo, él realmente me dijo: “Mi bondad inmerecida es suficiente para ti; porque [mi] poder está perfeccionándose en la debilidad”. Por eso muy gustosamente prefiero jactarme respecto de mis debilidades, para que el poder del Cristo permanezca como tienda sobre mí. Por lo tanto me complazco en debilidades, en insultos, en necesidades, en persecuciones y dificultades, por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy poderoso”. – 2 Corintios 12:8-10

Notamos que en el caso de Pablo, la dificultad que le causaba sufrimiento no se retira milagrosamente, sino que el poder de Dios “se perfecciona en la debilidad”. Esto hace que la grandeza de Dios more en lo más humilde, en lo más frágil y débil,  y nos proporcione aguante, gozo y fuerza en situaciones en las cuales muchas veces desfalleceríamos. Esto nos enseña que Dios no nos quita los problemas, pero nos cubre y ayuda perseverar ante ellos de forma titánica y heroica.

Sin embargo, tenemos este tesoro en vasos de barro, para que el poder que es más allá de lo normal sea de Dios y no el que procede de nosotros.  Se nos oprime de toda manera, mas no se nos aprieta de tal modo que no podamos movernos; nos hallamos perplejos, pero no absolutamente sin salida;  se nos persigue, pero no se nos deja sin ayuda; se nos derriba, pero no se nos destruye.  Siempre aguantamos por todas partes en nuestro cuerpo el tratamiento mortífero que se dio a Jesús, para que la vida de Jesús también se haga manifiesta en nuestro cuerpo. Porque a nosotros los que vivimos se nos está poniendo siempre cara a cara con la muerte por causa de Jesús, para que la vida de Jesús también se haga manifiesta en nuestra carne mortal”. – 2 Corintios 4:7-11

El mismo gozo, tranquilidad y entereza que tuvo Jesús al enfrentarse al sufrimiento, es otorgado a los Hijos de Dios, y es mediante esta manifestación de poder como el sufrimiento será derrotado en el mundo (Romanos 8: 18-22). Entonces se cumplen en nosotros las palabras del Maestro en torno al sufrimiento y la felicidad (Mateo 5:4,10-12). Cuando asumimos el sufrimiento de esta vida temporal con ésta actitud de gozo y entereza, podemos contagiar al mundo y sanarlo de sus heridas, siendo luz del mundo y orientando a las personas a tener una perspectiva equilibrada del dolor porque “los sufrimientos de la época presente no son de ninguna importancia en comparación con la gloria que va a ser revelada en nosotros” (Romanos 8:18).

También sabemos que la rebelión del Diablo planteó algunas cuestiones ante el universo que serán contestadas finalmente cuando la rebelión termine. Por ejemplo, la integridad humana por amor a Dios (Job 1:7-11). En estos miles de años muchos hombres y mujeres fieles han demostrado su lealtad a Dios (Hebreos 11). Así que en el futuro, las personas tendrán evidencia clara que un curso de rebelión contra Dios puede traer más desastre y que los malvados desaparecerán con el paso del tiempo como la hierba verde (Salmos 37:1,2).



  Preguntas del capítulo: ¿Por qué existen los accidentes y desastres naturales? ¿Como podemos "brillar" en medio del dolor y sufrimiento? ¿Cómo piensa utilizar este conocimiento para enfrentar los problemas y adversidades?