martes, 1 de marzo de 2016

Cornelio, los cargos políticos, las armas, la esclavitud y ser "parte del mundo"

Como se consideró en la entrada anterior, el creyente puede ser un aporte en los asuntos sociales y políticos como individuo, y hay abundantes casos en la Biblia que lo destacan. Un caso notable es el de Cornelio:

“Ahora bien, en Cesarea había cierto varón de nombre Cornelio, oficial del ejército de la banda italiana, como se le llamaba,  hombre devoto y que temía a Dios junto con toda su casa, y hacía muchas dádivas de misericordia al pueblo y hacía ruego a Dios continuamente.  Como alrededor de la hora nona del día vio claramente, en una visión, que un ángel de Dios entraba a donde él estaba, y le decía: “¡Cornelio!”.  El hombre lo miró con fijeza y, atemorizándose, dijo: “¿Qué hay, Señor?”. Le dijo: “Tus oraciones y dádivas de misericordia han ascendido como recuerdo delante de Dios” – Hechos 10:1-4

Cómo analicé hace mucho tiempo, es posible que Cornelio estuviera orando a Dios tal como él lo entendía. Cornelio no era un converso al judaísmo, lo cual hace destacable que Dios le respondiera mediante un ángel, dado las cualidades internas que él manifestaba. Además, el era un centurión romano, un cargo público de autoridad militar en aquella ciudad que era un reflejo pequeño de Roma, enclavada en Palestina. Cesarea llegó a ser la residencia oficial de los procuradores romanos que gobernaban Judea.

Es notable que Cornelio y su casa mientras escuchan a Pedro reciban el Espíritu Santo antes de ser bautizados, mientras aún escuchaban la prédica de Pedro:

“Mientras Pedro todavía estaba hablando acerca de estos asuntos, el espíritu santo cayó sobre todos los que oían la palabra. Y los fieles que habían venido con Pedro que eran de los circuncisos estaban asombrados, porque la dádiva gratuita del espíritu santo también estaba siendo derramada sobre gente de las naciones.  Pues los oían hablar en lenguas y engrandecer a Dios. Entonces Pedro respondió: “¿Puede alguien negar el agua de modo que no sean bautizados estos, que han recibido el espíritu santo igual que nosotros?”. - Hechos 10:44-47

Concluimos:

-      Dios ve el corazón de la persona, no importa su culto formal.
-      A Cornelio no se le condiciona la recepción del Espíritu Santo y el Bautismo, a que primero y antes “haga cambios”, que dejase su cargo de oficial de la banda Italiana.
-      No hay ninguna indicación para suponer que Cornelio tuvo que dejar su cargo público. Todo indica que para Pedro, el asunto estaba completo y terminado, el hecho de recibir el Espíritu era indicación que no había ningún requisito adicional que los hombres tendrían que imponer.

“Con eso, mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces ellos le solicitaron que permaneciera algunos días” – Hechos 10:48. Cornelio recibe el Espíritu y se bautiza con ese cargo de militar. De hecho, tampoco Dios lo había objetado antes, puesto que recibió la visita del ángel. La clave entonces, no era su trabajo seglar en sí mismo, la cuestión era otra.

Algo similar ocurre con el Funcionario de Candace, que era un Ministro de Hacienda, el cual en ninguna parte del relato recibe de Felipe la admonición de dejar su cargo político. Al contrario, “este siguió su camino” a su gobierno, estando ya bautizado.

Dionisio Byler, teólogo y escritor menonita y profesor de Biblia y griego en la Facultad de Teología SEUT de El Escorial comentó con acierto:

“Los oficiales romanos heredaban su posición, y lo hacían prestando un juramento sagrado al César, por tanto, el abandono de las armas era aceptar un martirio prematuro. Por eso en los primeros siglos la Iglesia Primitiva mantuvo “cierta flexibilidad”, donde se aceptaba que los militares no renunciasen a su cargo sino que lo hiciesen solamente cuando se encontraban ante la necesidad próxima de matar al prójimo”.

“Lo que nunca se aceptó durante siglos, fue que un cristiano que no era militar, aspirase posteriormente a serlo. Un cristiano bautizado que aceptaba las armas del César era excomulgado inmediatamente”.

¿Notamos la diferencia? Los cristianos no solicitaban que el creyente como “aspirante al bautismo” tuviera que renunciar a su función ya sea militar, política o civil para  “cumplir los requisitos” para bautizarse. Ellos no venían a modificar el orden de los asuntos y la sociedad humana. Entendían que el nuevo creyente desde su actividad previa podía lograr cierto bien en la sociedad de sus días aplicando los nuevos principios cristianos.

A menudo hay quiénes hacen ésta cita: “Los primeros padres de la Iglesia, entre ellos Tertuliano y Orígenes, afirmaban que los cristianos no podían quitar la vida humana, un principio que les impedía servir en el ejército romano” (The Encyclopedia of Religion). Pero reiteramos que era para aquellos que ya eran cristianos, no para quiénes con anterioridad estando en sus cargos aceptaban el Evangelio. Estos desde su función estatal podían seguir siendo cristianos sin problemas.

El hecho de que el cristianismo no venía a destruir ningún orden secular y social, y tampoco lo solicitaba a sus miembros como requisito queda patente en estas palabras de Pablo:

"Que cuantos sean esclavos bajo yugo sigan considerando dignos de plena honra a sus dueños, para que nunca se hable perjudicialmente del nombre de Dios ni de la enseñanza.  Además, los que tienen dueños creyentes, no menosprecien a estos, porque son hermanos. Al contrario, que sean esclavos con mayor prontitud, porque los que reciben el provecho de su buen servicio son creyentes y amados" - 1 Tim. 6:1-2.

Notad que Pablo no solicita eliminar la esclavitud como algo que "violaba principios" o era algo que era parte del “mundo de Satanás” dentro del cristianismo. Más bien, solicita darle un nuevo enfoque. Así, un cristiano puede ser un “siervo público”, pero dar a ese servicio un nuevo enfoque.

El ser cristiano no implicaba suprimir actividades o costumbres ya establecidas por la sociedad humana en cada época. Un creyente se expresó así: “El Apóstol Pablo decía de los Magistrados y de las Autoridades: ‘porque no hay Autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas’. Así que no se trata de la profesión, cargo político, ni de portar un arma #, sino de la manera en que se administra justicia, sabiendo que de toda injusticia habremos de dar cuenta delante de Dios, especialmente aquellos que estamos en autoridad”.

#Nota: Es interesante que los apóstoles como costumbre social de sus días portaban espadas, posiblemente para defensa personal por los asaltos en los caminos, etc. Jesús nunca criticó el que portaran armas. De hecho, sorprendentemente les dijo:

“También les dijo: “Cuando los envié sin bolsa y sin alforja y sin sandalias, no les faltó nada, ¿verdad?”. Ellos dijeron: “¡No!”. Entonces les dijo: “Mas ahora, el que tiene bolsa, tómela, así mismo también la alforja; y el que no tiene espada venda su prenda de vestir exterior y compre una”. – Lucas 22:35-36

Solo una vez criticó esta costumbre cuando Pedro sacando su espada hirió a Malco:

"Entonces Simón Pedro, dado que tenía una espada, la desenvainó e hirió al esclavo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El nombre del esclavo era Malco.  Jesús, sin embargo, dijo a Pedro: “Mete la espada en [su] vaina. La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” – Juan 18:10,11

Entonces notamos que Jesús no trató de suprimir una costumbre tan arraigada de sus días en sus apóstoles nombrados y consagrados. Más bien, trató de disuadirles que evitaran la violencia. El portar o no un arma no era el quid del asunto, ya que hasta con una piedra alguien puede matar a otro. El más bien se enfocó en evitar nuestros sentimientos y pensamientos de odio.

El guardia civil creyente de nuestros días expresa cómo no sintió la necesidad de dejar su profesión al convertirse: “Como cita el Apóstol Pablo: 'Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede'. De hecho, el ser cristiano me ha ayudado a ser, si cabe, aún más justo y cordial en el trato con los ciudadanos. Nunca he leído en las Escrituras ningún reproche hacia la profesión de policía o militar, sino más bien alguna exhortación a ser honrado y justo”.

Ser "parte del mundo" no implica salirse a nivel personal de las actividades humanas. Podemos "dar a César lo de César" y a "Dios lo de Dios". El mundo realmente es el conjunto de prácticas malignas que dañan al resto.

Jesús como opción personal no eligió el camino político ya que su misión no era esa, pero cada creyente puede optar a realizar servicio público con sus ideales espirituales al igual que José, Daniel, Mardoqueo, Ester, Cornelio, el Etiope, la Casa de César, etc.

“¿Crees tú, rey Agripa, a los Profetas? Yo sé que crees”.  Pero Agripa dijo a Pablo: “En poco tiempo me persuadirías a hacerme cristiano”.  A esto Pablo dijo: “Desearía de Dios que, fuera en poco tiempo o en mucho tiempo, no solo tú, sino también todos los que me oyen hoy llegaran a ser tales hombres como lo que yo también soy, a excepción de estas cadenas”. – Hechos 26:27-29

¿Qué efecto habría en el mundo si los dirigentes humanos fueran inspirados por recursos espirituales?

“Cuando el que gobierna sobre la humanidad es justo, gobernando en el temor de Dios, entonces es como la luz de la mañana, cuando brilla el sol, una mañana sin nubes”. (2Sa 23:3, 4.) 

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