lunes, 23 de septiembre de 2019

Las diez plagas

El hombre antiguo estaba más atado que el moderno a las explicaciones de causas sobrenaturales asociadas a los fenómenos de la naturaleza. Un eclipse, una tormenta eléctrica, eran fenómenos relacionados a los dioses de los elementos. 

Moisés ciertamente fue uno de los más grandes Maestros religiosos de la Tierra. Su papel en enseñar una religión avanzada y monoteísta es heroico en esas fechas primitivas. Sin embargo, él creía firmemente en la Providencia Divina asociada a muchos asuntos:

(1058.2) 96:5.4 Moisés creía en la Providencia; estaba profundamente influido por las doctrinas de Egipto sobre el control sobrenatural del Nilo y de los demás elementos de la naturaleza. Tenía una gran visión de Dios, pero era totalmente sincero al enseñar a los hebreos que, si obedecían a Dios, «te amará, te bendecirá y te multiplicará. Multiplicará el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra —tu grano, tu vino, tu aceite y tus rebaños. Prosperarás por sobre todos los pueblos, y el Señor tu Dios te quitará toda enfermedad y no te dará ninguna de las malas plagas de Egipto». Incluso dijo: «Acuérdate del Señor tu Dios, porque él es quien te da el poder para hacer las riquezas». «Prestarás a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado. Tendrás dominio sobre muchas naciones, pero sobre ti no tendrán dominio».

Moisés recibió de los egipcios las ideas de que el clima y los ríos estaban influidos por las deidades. Al recibir la religión de Salem y elaborar la doctrina monoteísta de sus tiempos, mantuvo los elementos de las fuerzas naturales vinculadas a Dios. Notamos que él recordó a los israelitas la experiencia de las plagas de Egipto. Esto nos muestra que fueron sucesos que SI existieron y que sin duda estuvieron asociados a elementos de la naturaleza. De hecho, en la redacción final de éstas admoniciones se escribió:


”Jehová te herirá con el divieso de Egipto y hemorroides y eczema y erupción en la piel, de los cuales no podrás ser sanado. Si no tienes cuidado de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, para que temas este nombre glorioso e inspirador de temor: aun Jehová, tu Dios,  entonces Jehová ciertamente hará que tus plagas y las plagas de tu prole sean especialmente severas, plagas grandes y duraderas, y enfermedades malignas y duraderas.  Y él verdaderamente hará volver sobre ti todas las dolencias de Egipto ante las cuales te asustastey ciertamente quedarán pegadas a ti.  También, cualquier enfermedad y cualquier plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová las hará venir sobre ti hasta que hayas sido aniquilado.  Y ustedes verdaderamente quedarán con muy pocas personas en número, aunque hayan llegado a ser como las estrellas de los cielos por multitud, porque no escuchaste la voz de Jehová tu Dios”. – Deut. 28:27, 58-62


No hay ninguna evidencia de que los israelitas sufrieran todas las plagas de Egipto en periodos posteriores. Sin embargo, se estableció en la teología hebrea posterior que las enfermedades y las calamidades eran producto del castigo de Dios, y por el contrario, las temporadas de abundancia, eran señal de la bendición divina. Aún hasta el día de hoy hay religiones (sobre todo en el ámbito evangélico) que asocian la abundancia y prosperidad material con la "bendición del Señor". Lo interesante es que en éste punto de la redacción final de las antiguas palabras de Moisés (redacción y ajustes ocurridos en el exilio), nuevamente se miró en retrospectiva los desastres naturales ocurridos en Egipto y se les dio un significado divino, reforzando la creencia de Moisés.


¿Qué pudo haber causado éstas calamidades de la naturaleza y que fueron reinterpretadas siglos más tarde como las "diez plagas"? Tenemos evidencia temprana de que más de un siglo y medio antes, en la época de José, una gran sequía atacó la zona de Palestina y Egipto. Pero al parecer lo ocurrido en Egipto en la época del Exodo no solo incluyó un problema climático, sino que se relacionó con un fenómeno vinculado a la actividad volcánica. Se nos entrega otra pista:


(1054.1) 96:1.11 Hasta alrededor del año 2000 a. de J. C., el Monte Sinaí mostró actividades intermitentes volcánicas, con erupciones ocasionales que ocurrieron hasta el momento de la estadía de los israelitas en esta región. El fuego y el humo, juntamente con las explosiones y truenos asociados con las erupciones de esta montaña volcánica, impresionaban y asustaban a los beduinos de las regiones circunvecinas y les hacían temer grandemente a Yahvé. Este espíritu del Monte Horeb más adelante se volvió el Dios de los semitas hebreos, y ellos finalmente creyeron en él como el supremo por encima de todos los demás dioses.


Algunos sostienen que los volcanes del Mediterráneo fueron los responsables de algunas de las plagas de Egipto. Pero parece evidente que el mismo volcán del Sinaí causó una serie de sucesos en cadena que provocaron varios hechos narrados posteriormente en las "diez plagas".


Todo indica que el volcán Hala-'l Badr era el antiguo Monte Sinaí:


http://estudiosdelasescrituras.blogspot.com/2015/03/sinai-una-montana-de-arabia.html



Todo podría haber comenzado con las plagas en secuencia con la erupción del referido volcán que habría provocado terremotos en la placa africana y la árabe (que se unen en Egipto), y que causarían escapes de dióxido de carbono y de hierro cerca del Nilo, los cuales al entrar en contacto con el oxígeno, formarían hidróxido de hierro. Éste tornaría el agua de color rojo, desencadenando la serie de sucesos que explicarían las diez plagas. Hay casos de ríos y lagos que se han tornado en “sangre” debido a ese fenómeno.

"Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él" - Éxodo 7:21

 "Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río" - Éxodo 7:24

Notamos que éste fenómeno se concentra en el río, y no en todas las fuentes de agua de Egipto. Así la "contaminación" estaba focalizada.

Esto da origen a la segunda plaga, las ranas, que a diferencia de los peces, pueden salir de las aguas contaminadas. La carencia de agua limpia, y las ranas muertas,  crea el ambiente propicio para la aparición de los piojos (tercera plaga), las moscas (cuarta plaga) y las Epidemias Bacterianas entre los seres humanos y los demás animales (quinta plaga). Paralelamente, el dióxido de carbono mezclado con el aire indujo a la gente a una especie de coma, reduciendo la circulación sanguínea en la piel causando sarpullidos (sexta plaga).

El granizo con fuego, a lo que los científicos llaman granizo volcánico (séptima plaga), era procedente de la erupción volcánica relativamente cercana. Cuando la nube de cenizas alcanza la estratósfera, se mezcla con la humedad y forman una piedra muy similar al granizo. También esto coincidió con grandes tormentas climáticas y un mal tiempo. Es probable también que algunas piedras expulsadas del mismo volcán llegaran a esa zona, ya que el relato habla de granizo "mezclado con fuego". Se cree el Hala-'l Badr tenía una capacidad de expulsión de ceniza y nube de hasta 4 km de altura.

"Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada". - Éxodo 9:23,24
También las bajas temperaturas provocan que nubes de langostas en masa se posen en Egipto (octava plaga). Un desorden climático abrupto afecta a las especies animales migratorias de forma evidente. La nube de cenizas de varios kms. de altura por 200kms. de diámetro alcanza el delta del Nilo y provoca oscuridad (novena plaga).

Tras la ceremonia que Moisés había ordenado realizar a los israelitas - y que acabaría siendo conocida como la cena de pascua - los egipcios dormían. Entonces, la fuga de gas que había provocado las primeras plagas al fin entró en erupción. El dióxido de carbono se filtró a la superficie, y dado que es más pesado que el aire, mataría por asfixia a la gente que dormía antes de disiparse en la atmósfera. Como los primogénitos de los egipcios gozaban de privilegios por ser los herederos de las propiedades y demás bienes, dormían en camas egipcias, casi pegadas al suelo, mientras que los demás miembros de la familia dormían en los segundos pisos. Hay ejemplos de épocas recientes que grafican la posibilidad de ésta “plaga”.

En 1986  1.800 personas y más de 6.000 cabezas de ganado murieron mientras dormían cerca del terrorífico lago Nyos, en Camerún. El arma del delito fue el dióxido de carbono. Toneladas de dióxido de carbono que asfixiaron sin remedio a todos los seres vivos de los alrededores. El secreto de su letalidad se encuentra en su naturaleza: el lago Nyos es un lago de origen volcánico. Bajo sus aguas y su superficie se encuentra un antiguo volcán casi inactivo, enorme. Bajo la superficie de Nyos, hundido en la profundidad, la lenta y perezosa actividad del volcán produce gases que se filtran hacia la superficie de la tierra. De pronto, un día, el gas satura el agua mucho más allá de lo que el lago puede soportar. Se produce entonces lo que se conoce como una erupción límnica. A medida que el dióxido de carbono alcanza cotas superiores, la presión es menor y, por tanto, se disuelve con mayor dificultad, saturando aún más el agua. Al final, toda la concentración de gas se libera de forma masiva en la superficie del lago, normalmente desplazando al agua en explosiones bajo la superficie. La nube de dióxido de carbono frío comienza entonces a recorrer la superficie a unos 50 km por hora, según se estima.

Todo lo que atrapa la nube es asfixiado en cuestión de minutos. El dióxido de carbono es un gas inodoro, ligero y transparente. En nuestro cuerpo produce un adormecimiento, confusión y finalmente la muerte "dulce", sin que notemos nada. Así, en aquel día de 1986, el lago arrojó unas ochenta toneladas de dióxido de carbono acumulado que recorrieron la región como un ángel de la muerte. Se conocen al menos tres lagos volcánicos productores de nubes de dióxido de carbono. Aparte de Nyos se ha documentado también el mismo proceso en el lago Monoun, también de Camerún y a treinta kilómetros de Nyos, y el lago Kivu, en el Congo. De estos, un caso parecido ocurrió en el lago Monoun dos años antes del desastre de Nyos. En 1984 una nube procedente del lago acabó con 37 personas.

Algo similar ocurrió en Egipto, y parece que la capa de dióxido de carbono fue a ras de suelo, y los primogénitos de los egipcios gozaban de privilegios por ser los herederos de las propiedades y demás bienes, dormían en camas egipcias, casi pegadas al suelo, mientras que los demás miembros de la familia dormían en los segundos pisos.

Al respecto es muy interesante el tipo de instrucciones con respecto a la comida de la Pascua y su preparación en éste inminente éxodo:

"Y tienen que comer la carne esa misma noche. Deben comerla asada al fuego y con tortas no fermentadas junto con verduras amargas.  No coman nada de él crudo ni hervido, cocido en agua, sino asado al fuego, su cabeza junto con sus canillas y sus partes interiores.  Y no deben dejar que nada de él quede hasta la mañana, sino que lo que de él sobre hasta la mañana lo deben quemar con fuego.  Y de esta manera deben comerlo: teniendo ustedes ceñidas las caderas, sandalias en sus pies y su bastón en la mano; y tienen que comerlo apresuradamente. Es la pascua de Jehová.  Y tengo que pasar por la tierra de Egipto esta noche y herir a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde hombre hasta bestia; y en todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios. Yo soy Jehová” – Éxodo 12:8-12

No hay ningún significado ceremonial a las acciones de comer el animal asado y evitar dejar restos. Parece más bien, una alerta sanitaria ante lo que vendría. Notamos que se les advierte de no utilizar agua esa noche. Posiblemente se vería contaminada con la plaga. Y al otro día en la mañana, no podían comer ningún resto del cordero. Tenían que quemarlo y destruirlo. Al parecer ya estaría contaminado a esas horas con el “gas” que afectaría los alimentos. Se les anima a no dormir esa noche, a estar listos para el viaje, con su ropa puesta, y a comerla apresuradamente, esto antes de la llegada de la plaga. Esto tiene mucho de sentido común.

En tiempos recientes cuando una pareja acampaba a ras de suelo, dejaron una carne al interior de su tienda. Mientras dormían se había producido una fuga de monóxido de carbono, proveniente de la parrilla que habían utilizado para hacer una barbacoa. Aunque ya el fuego estaba apagado, el gas los intoxicó y mató. Puesto que los israelitas posiblemente comían sus carnes en mesas muy bajas, a ras de suelo, la advertencia de no comerlo al otro día era más que clara. Este gas, el ángel de la muerte, podría contaminar la carne dicha noche.

Lo cierto es que las plagas existieron como grandes fenómenos de la naturaleza y hay cierto testimonio de las mismas.

Algunos señalan a la Estela egipcia de la Tormenta en la que se habla de un dios desconocido que provoca una de las plagas similares a las descritas en la Biblia, la oscuridad, y  también se describe como una gran tormenta.

Pero la evidencia más clara parece ser del llamado Papiro de Ipuwer. Este fue traducido por A.H. Gardiner en 1909 y describe  una serie de catástrofes y plagas que azotan Egipto, hambre, sequía, fuga de esclavos que se llevan las riquezas de los egipcios y muerte en todas partes de la tierra de Egipto.  La similitud entre varios pasajes del éxodo bíblico y el papiro Ipuwer son tan sorprendentes, que algunos eruditos la muestran como fuente egipcia del relato bíblico. Algunas de sus expresiones son:

 "El río es sangre.  La gente no quiere probarla — La gente esta sedienta en búsqueda de agua.

¡Así esta nuestra felicidad!  Que haremos al respecto? ¡Todo es ruinas!

“todos los animales, sus corazones lloran. Los ganados gimen… ”

Aunque en el papiro no hay ninguna referencia explícita a los israelitas, se menciona una revuelta de esclavos, una columna de fuego y la desaparición en circunstancias insólitas de un faraón:Contempla, el fuego ha montado encima sobre alto. Su combustión va en adelante contra los enemigos de la tierra. En este papiro vemos un Egipto afligido por desastres naturales y en un estado de caos, un mundo revuelto, el hambre y la muerte están por todas partes.

Merenptah fue el hijo de Ramsés II. Su gobierno fue inestable y lleno de problemas. La ciudad de Pi-Ramsés es abandonada como capital. Las repercusiones socio-políticas del abandono de Pi-Ramsés, por no hablar de las económicas, tuvieron que ser enormes, incluso para el omnímodo poder faraónico. Basta comparar con el coste económico y político que hoy día tuvo en un gran país como EUA la evacuación de la ciudad de Nueva Orleans, inundada súbitamente de resultas de un huracán, y reocupada una vez reparados los diques. Tenemos varios ejemplos de abandono definitivo de ciudades en Mesopotamia, al cambiar su curso el Éufrates. Así, la antiquísima ciudad de Nippur -un par de milenios más antigua que la I Dinastía egipcia-, ciudad cuyo templo principal estuvo dedicado al dios sumerio Enlil, y sita a orillas de un brazo del Éufrates hoy seco llamado Chatt en-Nil. El abandono de la ciudad estaría sin duda relacionado con la desecación de dicho brazo.

Merenptah nos habla del pueblo de Israel como un pueblo extranjero de forma despectiva y es su primera mención histórica en documentos egipcios. Merenptah también combatió a los Libios y Pueblos del Mar (griegos) al tiempo del Éxodo (Los Documentos de Urantia señalan ese detalle). Su hijo primogénito Naneferkaptah y el hijo de éste murieron antes que él, su sucesor fue otro de sus hijos, Sethy II. Esto es interesante ya que coincidiría con la muerte del primogénito del rey.

Un análisis de las plagas nos muestra que sin duda hubo un secuencia lógica, aunque quizás en algunos casos dos o más plagas fueron simultáneas y los redactores finales en el Exilio les otorgaron una característica más secuencial y dramática, incorporando a esos hechos un dramatismo interesante, diálogos y haciendo una novelización de esos antiguos hechos.  Al parecer todos estos trastornos climáticos ocurrieron durante un año o un poco más. E incluso es probable que algunos de esos problemas identificados como "plagas" aparecieran antes de la gestiones de Moisés, y persistieran incluso después del Éxodo de Israel.

Hoy también vivimos en una época de desastres y si los hombres del futuro leyeran éstos hechos con ojos asociados a las causas divinas, sin duda parecería que vivimos un castigo de los dioses o la naturaleza.